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viernes, 24 de octubre de 2014

¡Ni un paso atrás! Entrevista con el caricaturista brasileño Carlos Latuff

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Carlos Latuff nació en un año muy especial para los movimientos sociales en el mundo: 1968.
Casi un mes después de la matanza en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, Ciudad de México, Carlos Latuff vio la luz en Rio de Janeiro, Brasil.
Para 2006, el caricaturista brasileño ganó el concurso International Holocaust Cartoon Competition de Irán con una imagen que compara el muro israelí que separa Cisjordania del país judío con los muros de los campos de concentración nazis.
Latuff se ha especializado en dibujos con conciencia social; sobre todo en temas como la ocupación israelí de Palestina, los movimientos sociales de distintas partes del mundo, la política brasileña, la represión latinoamericana y los movimientos zapatista en Chiapas y de la APPO en Oaxaca.
Hace unos días Carlos publicó un par de cartones sobre el ataque a los normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, que dejó un saldo de 43 estudiantes detenidos-desaparecidos y seis personas muertas.
Sus dibujos muestran una crueldad que incomoda por lo real, pero también nos dejan el mensaje de cómo se ve la corrupción y la brutalidad del Estado fuera de México.
Carlos, ¿cómo decidiste hacer estos cartones sobre lo sucedido en México con los normalistas?
La primera idea es sólo una representación de la situación actual que llaman “La guerra contra el narcotráfico” en México, en general. El segundo cartón lo hice para ilustrar las noticias recientes sobre el alcalde (José Luis Abarca) y su esposa (María de los Ángeles Pineda) como las mentes maestras detrás de la desaparición de los estudiantes.
¿Qué pasaba por tu mente mientras los dibujabas?
Pensaba en todas las víctimas de esta “guerra contra las drogas” sin sentido y cómo los narcóticos podrían ser legalizados para dar fin a esta carnicería promovida por los cárteles y la policía.
En México, el regreso del PRI significó el final de la guerra contra las drogas, cuando menos de manera mediática, pero la gente piensa que los narcos y los políticos son los mismos.
 
Es imposible detener la corrupción promovida por el tráfico de drogas. Nadie detendría un negocio rentable y las drogas son uno de los mayores negocios en el mundo.
¿Por qué crees que el caso de Ayotzinapa captó la atención internacional, cuando hay otros temas similares en México como la Guardería ABC, los feminicidios en el Estado de México y otros que muestran la falta de garantías a los derechos humanos?
Creo que es un asunto de números. Si tu matas a 100 personas en un solo ataque, esto captará la atención de la opinión pública; si matas 100 personas, una por día o por semana, nadie prestará atención.
¿Cuál es tu percepción sobre México?
Nunca he visitado México, así que no puedo hablar sobre su gente, las únicas buenas referencias que tengo de México son los zapatistas y los levantamientos en Oaxaca (APPO).
En Brasil estamos familiarizados con el tráfico de drogas y la violencia policial. Brasil también está cargando con el peso de la política contra las drogas de Washington.
Quizá la situación en Brasil no es igual a lo que se vive en lugares como Ciudad Juárez, pero nosotros también estamos lejos de ser un país de amor-y-paz.
¿Qué dirías a los mexicanos que estamos enojados, que estamos tristes?, ¿qué hay que hacer?
Como brasileño no me siento bien diciendo qué tienen que hacer los mexicanos, creo que la solución para México recae en los mexicanos.
De lo que estoy seguro, y aplica para México y Brasil, es que la “Guerra contra las drogas” definitivamente NO es la solución; al contrario, es el problema por sí mismo.
¿Por qué te interesó el tema de los normalistas desaparecidos?
Creo que el internacionalismo, en la solidaridad con la gente.
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Carlos nos regresó a un tema que habíamos olvidado con la salida de Felipe Calderón: la guerra contra las drogas. Este es un tema que, como menciona Latuff, viene de Estados Unidos y que, desde hace más de 40 años, marca la línea a seguir en cuanto a narcóticos para toda América Latina.

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Mejor sin auto... Diario

Pa'que vean lo que se siente cuando se estacionan en
las banquetas.
A continuación les muestro un pequeño ejercicio que hice con mis papás que no dejaban de molestarme con el clásico "ya cómprate un cochecito" sobre el dinero gastado con "un cochecito" y el tiempo que podría viajar en transporte público con lo que gastaría en comprar ese armatoste de mil 100 kilogramos.


El auto más vendido en México durante 2013 fue el Aveo de la automotriz estadounidense Chevrolet, que vendió 65 mil 331 unidades el año pasado; aunque no alcanzó los 66 mil 152 vehículos vendidos en 2012.
El Aveo, en su versión 2015, tiene un rendimiento de entre 13.09 y 21.04 km/l, dependiendo de dónde se maneje y qué tan equipado esté, un promedio de 17.72 km/l para la versión más austera y un tanque de gasolina de 45 litros.
El precio para el modelo más básico es de 149 mil 500 pesos, según la página web de Chevrolet.
Vamos sumando:
$149,500 – Chevrolet Aveo 2015
$585 – Tanque lleno de gasolina “Magna” ($13.00 por litro) (Se tiene que llenar cada 797 km, en promedio).
$398 – Verificación vehicular en la Ciudad de México
$10,054 – Seguro anual con Inbursa (el más barato según autocompara.com)
$619 – Primer servicio básico a los 5 mil km en la concesionaria (el precio sube conforme aumenta el kilometraje).
TOTAL: $161,156 pesos contemplando una sola parada en la gasolinería.
Una persona sin auto que viva y trabaje dentro de los límites del Distrito Federal suele utilizar el metro y microbús dos veces al día, lo que genera un gasto de 19 pesos diarios, contemplando que el microbús cobra $4.50.
Esto significa que una persona podría viajar casi 8 mil 482 días con lo que le costaría un Aveo 2015. Esto es igual a viajar mil 212 semanas o 303 meses o 25.25 años.
No, no, no. "En movimiento, peor que yo".
Foto: Rodrigo Diaz (espero, la robé de su blog)
Recuerda que estamos contemplando un viaje diario (siete días) de microbús-metro-metro-microbús y que sólo contemplamos una recarga de combustible y no contemplamos “externalidades” como tomar taxi, refacciones, arrimones, olores extraños, embotellamientos, accidentes, etc.
Pero entonces, ¿cómo me quieren convencer de comprar un automóvil?

martes, 23 de septiembre de 2014

Día Mundial Sin Auto 2014


Ayer se celebró el Día Mundial Sin Automóvil, una iniciativa que empezó en 1973 con la crisis petrolera y las primeras ideas para desincentivar el uso del auto y promover medios de transporte más eficientes.
Sin embargo fue 21 años después, en 1994, cuando se organizaron las primeras jornadas sin coches en Islandia, Francia y Reino Unido; y fue hasta el inicio de este siglo que la Comisión Europea constituye la iniciativa.
En la Ciudad de México, funcionarios como Miguel Ángel Mancera, jefe de gobierno; Héctor Serrano, secretario de gobierno capitalino; y Jesús Rodríguez Almeida, secretario de Seguridad Pública del DF, decidieron subirse al metro para llegar a sus oficinas en el centro histórico de la megalópolis.
Mancera subió al metro en la estación Colegio Militar y bajó en la estación Zócalo, un trayecto de siete estaciones, sin transbordes y en la línea considerada “turística” porque pasa muy cerca de lugares como el Monumento a la Revolución Mexicana, la Alameda Central, el Palacio de Bellas Artes, la calle peatonal de Madero y tiene salida al Zócalo de la capital. El jefe de gobierno declaró que el metro “está llenito”.
Por otra parte, Héctor Serrano sí hizo un recorrido más amplio, de doce estaciones, aunque igual, sin transbordes y en la misma línea dos –o azul– que, además es la que tiene los trenes más modernos y la que más inversión recibe.
Por último, Rodríguez Almeida, responsable de la seguridad en la capital, aseguró que no recibió “arrimones” y que cargaba con su cartera y tres móviles durante su trayecto en el subterráneo. “No estaba lleno, había bastante espacio (…) muy seguro el metro, eh”, declaró a medios de comunicación.
La experiencia de turista
Estos personajes, responsables de muchas de las decisiones que afectan la vida de los capitalinos, demostraron que sólo son unos turistas en la ciudad que “dirigen”, que, realmente, no conocen lo que es esperar entre tres y cuatro trenes para, mediante empujones y codazos, abrirse un espacio mínimo para esperar que el metro no falle y llegar a tiempo a su destino.
Sufren del “síndrome del turista” (desconozco si exista la terminología, pero funciona muy bien para esto): Cuando uno viaja a otro lugar, todo lo ve interesante, todo lo ve diferente, todo es nuevo y especial; no solemos pensar en lo malo, lo feo o el vía crucis que representa para, por ejemplo, los parisinos, tener que compartir su medio de transporte con millones de turistas que se pierden, que no saben dónde carajos bajarse o dónde demonios está la estación de metro más cercana a la Torre Eiffel. Lo mismo pasa en el DF; los funcionarios se dieron su “baño de pueblo” y estaban maravillados, supongo que no es lo mismo ir en un metro funcional, que no se detenga entre estaciones y hacer 20 minutos de trayecto al tormento de hora y media en automóvil al que están acostumbrados.
La triste realidad
Después del show mediático, llegué a mi oficina esperando con ansias salir a grabar a los autos que se estacionan sobre la banqueta en la calle Alfonso Esparza Oteo en la habitacional colonia Guadalupe Inn, al sur de la Ciudad de México.
Por un momento pensé que me llevaría la sorpresa de encontrarme con grúas y sin vehículos sobre la banqueta; lamentablemente fue un día más.
Incluso encontré una camioneta sobre la banqueta con el conductor dentro, por lo que le hice un pequeño sondeo que plasmo a continuación:
¿Qué opina de la gente que no usa los puentes peatonales?
Pues muy mal porque por eso pasan los accidentes.
¿Qué opina de la gente que se atraviesa los semáforos corriendo?
Igual.
¿Qué opina de los automovilistas que se estacionan sobre la banqueta?
Esteeee… muy mal también.
¿Por qué está estacionado sobre la banqueta?
Estoy en una entrada. Estoy dejando un pasillo para que (los peatones) pasen, pero como es entrada, ahí no hay problema.
En lo personal me llamó muchísimo la atención la última respuesta.
El desconocimiento del Reglamento de Tránsito Metropolitano (RTM), la prepotencia de sentirse superior por tener un automóvil. “Estoy en una entrada”, dice el automovilista; quizá entendieran si pongo una mesita y unas sillas sobre el arroyo vehicular y argumento que “estoy en la entrada de mi casa” y que me vale gorro que tengan que pasar, total, “es entrada y es mía”, ¿no?
¿De qué sirve un Día Mundial sin Auto si, el RTM se arregla a mordidas, cuando los policías “autorizados para infraccionar” llegan a detener a alguien? ¿Si el transporte público sólo es eficiente cuando “el jefe” se sube? ¿Qué pasaría si, con la infraestructura actual, la gente decide bajarse de su auto y desquicia el transporte público? Planeación, planeación, planeación… Es lo que le falta a esta ciudad…
La cerVeza en el pastel
Para los que piensan que tienen derechos por tener un automóvil, deberían pensar si no es un privilegio (que conlleva obligaciones por el riesgo de manejar una máquina que puede matar). Ideotas… que uno tiene, nomás.

lunes, 18 de agosto de 2014

El Rey Peatón

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Rey Peatón en Polanco
Ayer, 17 de agosto, se conmemoró el Día Mundial del Peatón; lamentablemente no celebramos al peatón, ya que esta fecha tiene un gris trasfondo. Resulta que un 17 de agosto, pero de 1897, murió la primera persona atropellada por un automóvil en Inglaterra.
A miles de kilómetros de distancia y 117 años después, un delegado chilango –específicamente, Víctor Romo que gobierna la delegación Miguel Hidalgo al poniente de la Ciudad de México– fue el “primer gobernante en adherirse a la Carta Mexicana de los Derechos del Peatón”, un esfuerzo de meses de un grupo de colectivos y personas conocido como la Liga Peatonal.
El autodenominado bicidelegado –dice que no usa automóvil– fue con su séquito a Polanco, específicamente a la calle de Horacio, entre Hegel y Lope de Vega, donde develó la estatua del Rey Peatón, una idea de Roberto Remes –integrante de la Liga Peatonal– para empoderar al peatón. También Remes asistió a la ceremonia de develación.
Yo quería llegar pero, chale, era domingo y la ceremonia fue al mediodía –¡todavía de madrugada!–. Igual decidí salir a caminar a esa colonia tan fresa que es Polanco, el objetivo: ver al Rey Peatón de 500 kilos y tres metros de altura.
Bonito cenicero marca Volkswagen
Comencé a caminar por Horacio, un par de kilómetros antes de donde se encuentra la escultura metálica. Uno, dos, tres, cuatro… Diez, once, doce… Veinticuatro, veinticinco, ¡veintiséis automóviles estacionados sobre la banqueta!
Estos 26 “ceniceros” o “bancas” de marcas como Renault, Mercedes-Benz, Chevrolet y hasta Porsche se encontraban a no más de 15 metros de la esquina de alguna calle con Horacio –la calle donde fueron a poner al Rey Peatón–; ¿policías de tránsito?, ¿grúas? ¡Ni que el peatón fuera el rey!
La idea de Roberto me parece excelente, he visto gente que, al ver un paso peatonal con la imagen del Rey Peatón se siente empoderada e, incluso, exige a los automovilistas que respeten al rey que no es otro sino el que camina.
Atropellando al Rey Peatón a 20 metros del monumento al peatón
Sin embargo, la sociedad cochecentrista ha arraigado a tal grado la idea del Rey Automóvil que, por ejemplo, a 20 metros de donde está la dichosa estatua peatonal, una señora decidió detener su enorme camioneta roja sobre el paso peatonal –literalmente, atropellando al Rey Peatón pintado–. Al cuestionarla sobre su actuar, su respuesta fue “¡Pues que pasen por atrás!”, refiriéndose a que los peatones cruzaran por detrás de su camioneta; la fotografié y poco le importó, mejor decidió aventarme su enorme armatoste rojo.
Simplemente en la cuadra donde se encuentra el monumento al peatón, durante alrededor de una hora, vi autos parados sobre el paso peatonal, autos en sentido contrario que no frenaban para evitar que una patrulla los agarrara en flagrancia, autos estacionados sobre las banquetas y autos tapando las rampas para sillas de ruedas; estos últimos argumentaban cosas como “No te preocupes, si viene alguien en silla de ruedas yo me muevo” o “Sólo voy al Oxxo y ya, ni cinco minutos”.
Banca marca Prosche modelo Cayenne S
Lo más detestable del Día del Peatón 2014: Los automovilistas saben de su impunidad y del mínimo riesgo que representa un ciudadano “a pata” que los fotografía y anota sus placas. Saben que, mientras no pase una patrulla de Tránsito, ellos siguen siendo los reyes.
De nada sirve que gobernantes como Romo –a quien se le agradece su interés– firmen iniciativas ciudadanas como la Carta Mexicana de los Derechos del Peatón si cuando se soliciten grúas la primera pregunta que hagan los telefonistas de la Secretaría de Seguridad Pública capitalina sea “¿Están estorbando la entrada de su casa?”, como si ese fuera el único motivo para castigar a quienes se estacionen sobre la banqueta.
A quienes manejan: sólo sean conscientes. Arriba me referí a los autos sobre las banquetas como “ceniceros” o “bancas”; si no quieren que apague mi cigarro en su cofre, o que deje la colilla encendida de mi cigarro en sus limpiaparabrisas, o que me siente en su cajuela con mis sucias botas en la defensa de su automóvil, no se estacionen en la banqueta. “Sólo son cinco minutos”, “Sólo bajo unas cosas y ya” son pésimos pretextos, es como si les dijera “Sólo es una colilla de cigarro” o “Sólo me estoy amarrando las agujetas recargado en tu auto”. Es bien fácil, ¿no?.

viernes, 15 de agosto de 2014

Potenciales emprendedores


En el momento en el que escribo esto, la “Semana del Emprendedor”, organizada por el Instituto Nacional del Emprendedor (INADEM) está por terminar en el Centro Banamex, al poniente de la Ciudad de México, muy cerca del centro neurálgico del ejército mexicano.
El secretario de economía, Ildefonso Guajardo, el comediante Andrés Bustamante y otras personalidades asistieron a dar conferencias magistrales durante esta semana, mientras que incubadoras de negocios, empresas “innovadoras” y empresas dedicadas a financiar emprendedores intentaban convencer a los “emprendedores” de que ellos son su mejor opción.
Durante mi visita a este evento, uno de los discursos más reiterativos fue el de: “sé exitoso, logra tus sueños, conviértete en empresario”.
Es un discurso bien arraigado entre las clases media, media-alta y alta chilangas –es el caso que conozco, aunque no creo que sea el único–, un discurso repetido hasta el hartazgo por “universidades” (note las comillas) como el Tecnológico de Monterrey, la Universidad Anáhuac y la Universidad Iberoamericana. No hay margen de error: ser exitoso significa ser CEO de una empresa trasnacional o tener una empresa propia con millones de pesos en sus cuentas bancarias.
De la mano a la idea de “progreso”, cualquiera que no quiera ser “emprendedor” o empresario o que aspire a una dirección general de una gigantesca empresa es un mediocre que no tiene ganas de superarse, que no tiene visión, que se va a morir de hambre…
Lo peor, la última aseveración es bastante real.
Yo solo quiero escribir
A modo de catarsis, escribiré sobre mí.
Estudié periodismo –carrera que aún no concluyo–, trabajo en un lugar donde no me gusta el modo en el que se hacen las cosas, no me gusta escribir “para vender”, mucho menos “para quedar bien”; he tenido la oportunidad de entrevistar a gente como Josefina Vázquez Mota, Arturo Henríquez Autrey (el de Pemex), el “flamante” secretario de economía, Ildefonso Guajardo, el exembajador Arturo Sarukhán, el embajador Eduardo Medina-Mora, personas como Sergio Alcocer y Luis de la Calle, a una de las personas que más defiende este concepto de éxito: Jorge Suárez-Vélez, que asegura que los pobres son pobres porque así lo quieren, entre otros.
He escrito sobre piojos, facturación electrónica, impermeabilizantes, recursos humanos y otros “interesantísimos” temas.
¿Por qué sigo aquí? Por el dinero…
Porque mi percepción de éxito dista mucho del concepto neoliberal que nos han inculcado desde pequeños. Porque para mí, tendré éxito cuando mis reportajes sean sinónimo de excelente periodismo, de investigación, de un trabajo intachable.
No me interesa dirigir un periódico o un portal con 10 millones de visitas al día, tampoco me interesa “emprender” mi propio medio para hacerme millonario, tampoco me interesa ser un estresado editor de un medio “importante”.
Me interesa escribir, investigar… Hacer periodismo. ¿Esto me hace mediocre, sin visión, sin ganas de superarme? (La duda es genuina).
¿Y si fuera al revés?
Entiendo que así como mi realización personal es ser un periodista reconocido por su trabajo, también hay quienes quisieran dedicar su vida a las artes o a otra actividad “no-productiva” que tienen que arreglárselas para continuar con su actividad como pasatiempo mientras mueren lentamente en una oficina de lunes a viernes de nueve a seis.
Sin embargo, ¿qué pasaría si fuera al revés?
Imaginemos que usted, querido lector, es muy hábil para los negocios y le apasiona ser el jefe de cientos o miles de personas; lo llena de adrenalina tomar decisiones de miles de millones de pesos y su sueño es construir un museo que lleve el nombre de su esposa.
Imaginemos que, en un mundo paralelo, en el que está usted, las cosas no fueran como aquí y le repitieran hasta la náusea que “si quieres ser exitoso, debes estudiar ballet o pintura” y que, aún peor, usted no esté ni lejanamente interesado en Van Gogh, Picasso, Ana Pavlova o Isadora Duncan, para colmo, es tan hábil para bailar como una piedra de río y no puede ni pintar una pared.
Obviamente se sentirá frustrado y fracasado, pensará que no sirve para nada, quizá.
En nombre del progreso
Los pequeños agricultores y ganaderos, esos “nacos” que “no se superan porque siguen sembrando o cuidando sus tres vaquitas” que “tienen la culpa de su desgracia” son otro ejemplo.
Quizá el contexto en el que se han desarrollado por generaciones los ha “predispuesto” al campo. Pero también hay un mucho de gusto por su trabajo, ver cómo brillan sus ojos cuando cosechan, cuando, inflando el pecho, regalan alguno de sus animales para la fiesta; llenos de orgullo porque saben que su trabajo es excepcional.
Pero en este México del siglo XXI ellos ya no tienen cabida. Mucho menos si bajo su terreno se sospecha que hay petróleo o gas. No importa que lo que han hecho toda su vida y lo que les gusta hacer sea el campo; si quieren “superarse”, tendrán que aprender a tratar con elementos mucho más peligrosos que trigo o vacas, estudiar una licenciatura o ingeniería que nunca necesitaron y cambiar su botas por zapatos lustrados para “ser alguien” en este infeliz mundo neoliberal.
¿Sólo es exitoso el que cambia de auto cada 3 años?, ¿quien tiene tarjetas de crédito o una cuenta bancaria con más de cinco cifras?, ¿quien estudió en una universidad privada? ¿Por qué no puede ser exitoso un albañil o un recolector de basura o un artista… o un periodista?
La cerVeza con pastel
Todas las imágenes utilizadas para ilustrar este texto fueron tomadas de la primera página de resultados en Google Images al buscar "exitoso".

Una demostración más de ese maldito pensamiento que nos dice que el dinero es igual al éxito. 

miércoles, 28 de mayo de 2014

¿Los malditos automovilistas?


Hace unos días pregunté a mis contactos en Facebook por qué preferían usar el automóvil a cualquier otro medio de transporte; las respuestas fueron variadas pero con muchos puntos comunes.
Antes de entrar en materia, les quiero exponer las razones por las que uso auto:
·      Hago despensa una vez al mes, así que compro en grandes cantidades como para cargarlas o subirlas a un taxi; a pesar de tener el supermercado a 1.5 kilómetros de casa, es bastante incómodo cargar las bolsas y caminar.
·      Hay situaciones en las que es necesario salir en la noche (no a beber) y el transporte público, fuera de taxis de sitio, es nulo además de inseguro.
·      Mi familia vive fuera de la Ciudad de México, por lo que es más cómodo salir a carretera en auto (y si voy con alguien más es más económico que el camión).
·      Para visitar amigos, novia, familia, etcétera, en fin de semana y que no viven cerca. (En auto son 20 minutos de trayecto, en transporte público hora y media).
Para que un transporte BRT funcione, necesita mínimo 2 carriles.
En general, mis amigos de Facebook me dieron estas razones:
·      Es más seguro viajar en auto que en transporte público.
·      No hay transporte público en la noche.
·      El transporte público es ineficiente (sobre todo en el Estado de México).
·      El transporte público no es cómodo.
·      Es más fácil salir con la familia en auto.
·      Uso el auto para cargar cosas que necesito (materiales de trabajo, equipo de cómputo, etc).
·      Es más cómodo usar el auto para distancias largas o ir a lugares poco accesibles.
Ahora, con este mini “análisis”, quisiera ofrecer algunas acciones que nos ayuden a todos a convivir mejor en una megalópilis tan caótica como la Ciudad de México y su zona metropolitana.
Para los automovilistas:
·      Respeten las señalizaciones viales como las cebras peatonales, el sentido de las calles (aunque sean “sólo pocos metros en sentido contrario”).
·      Respeten el mobiliario urbano como banquetas, rampas, ciclovías, carriles confinados, etc.
·      Respeten la semaforización y apliquen los “cruces de cortesía”; esto es que si el semáforo comienza a parpadear en amarillo, desaceleren, ya no van a pasar. Sobre los “cruces de cortesía” esto es que se detengan ANTES del paso peatonal si el tránsito impide que crucen completamente la calle sobre la que van, permitirán que los peatones crucen seguros y evitarán nudos viales en los cruces, haciendo que todo fluya más rápido.
·      En calles sin semáforos, recuerden que el peatón tiene la preferencia, así como las bicicletas, el transporte público y el de carga, antes que ustedes, no sean gandallas.
·      Al avanzar sobre un crucero volteen a ambos lados, no tanto por los autos sino por las personas que caminan.
·      Si están detenidos en un semáforo y cambia a verde, mientras aún pasa gente, recuerden que ustedes tienen la obligación de esperar a que terminen de cruzar. Nada de aventar la lámina o tocar el cláxon para que se apresuren. Recuerden que no por ir en auto tienen el derecho de avanzar más rápido.
·      Si no está pintado el paso peatonal, usen su sentido común y deténganse metro y medio (o la distancia suficiente) para permitir el paso seguro del peatón.
Para los usuarios de transporte público:
·      Recórrete a lo largo y ancho del vehículo, si te quedas en la puerta porque “bajo en la siguiente” irás más incómodo, además de hacer más incómodo el viaje a los demás pasajeros. Es mejor recorrerte y pedir permiso en el trayecto mientras el transporte llega a tu destino.
·      Permite que las puertas cierren, esto hará que el servicio (metro y metrobús) avance más rápido, por lo que podrás llegar más rápido que si te aperras y te intentas meter por la fuerza, además de alentar a los demás convoyes.
·      Respeta los asientos reservados o úsalos si no hay alguien que lo necesite, pero cédelo en cuanto entre alguien que sí lo necesite.
·      Haz la parada a los camiones en los lugares destinados para esto, aunque tengas que caminar unos cuantos metros. Recuerda que además de las paradas, el transporte público también tiene permitido detenerse a subir o bajar pasaje en las esquinas antes de cruzar. Esto hará que los camiones no se detengan cada 5 metros. Obviamente para personas con dificultad para caminar, hay que tener un poco de sentido común y permitirles el ascenso y descenso en donde lo soliciten.
Propuestas para desincentivar el uso del auto:
·      Que las vías primarias tengan una velocidad máxima de 50 km/h y las secundarias de 30km/h.
·      Hacer banquetas más amplias y mejor iluminadas, además de aumentar personal de vigilancia de la Policía Auxiliar.
·      Cambiar las unidades viejas por camiones nuevos como los de Reforma.
·      Aumentar las vías BRT (Metrobús) y aumentar el número de carriles confinados, además de aumentar el número de vehículos.
·      Hacer una línea de metrobús de, mínimo dos carriles en cada sentido, por todo periférico, dejando los tres carriles laterales para automóviles, así como el segundo piso. Hacer un parque lineal con ciclopista en el espacio “sobrante” de periférico.
·      Eliminar todos los puentes peatonales y hacer pasos a nivel de piso.

viernes, 23 de mayo de 2014

Ricardoalemaneando revolucionariamente

Los que me conocen saben del conflicto que tengo con el señor Ricardo Alemán, que he atacado sus dichos públicamente sin obtener una respuesta concreta, que la respuesta que ofreció fue una falacia ad hominem de 2 mil caracteres.

Algunas personas me han criticado que en "la izquierda" y el activismo la gente hace exactamente lo mismo, pero al revés; en lugar de exaltar las bondades del gobierno, se exageran sus errores.

Esta semana se prestó el pretexto perfecto para ponerlo a prueba: ¿Qué pasaría si subo un texto a mi blog justificando la violencia de los pobladores de San Bartolo Ameyalco al estilo de Ricardo Alemán?

¿Cómo es el "estilo Alemán"? Utilizando "argumentos" que no llevan a ningún lado, apelando al sentimiento, sin comprobar ni verificar fuentes, sin profundizar en la problemática y defendiendo de la misma manera la postura tomada.

Me sorprendió ver que siete personas me apoyaron totalmente, mientras que sólo cuatro me criticaron; sobre todo ME criticaron, no al texto. Mientras que sólo dos tocaron el tema del profesionalismo periodístico, un colega y amigo que preguntó abiertamente "¿Alguien de ustedes estuvo ahí?" y un gran profesor que, pese a ya no ser su alumno, sigue dándome lecciones invaluables. Sólo dos de los más de 30 comentarios.

Antes de continuar, quisiera hacer un paréntesis para explicar que este texto tampoco es para decir "pobres policías golpeados", sigo pensando que se debería eliminar el Cuerpo de Granaderos (la institución, no a quienes la conforman) por ser el brazo represor del Estado; sigo pensando que, mientras no se les explique a los policías a qué van, sea la orden que sea, corren el riesgo de terminar como los de San Bartolo ya que esto denota una falta de preparación, de planeación y de capacitación que es de dar miedo, no sólo por los excesos policíacos sino por los riesgos pendejos que corren las personas detrás del uniforme. También sigo creyendo que dentro de la SSP-DF (hablando de este caso específico) hay psicópatas descerebrados que gustan de golpear personas.

Contiuando con lo de la "ricardoalemaneada" me entristece ver que somos igual de incendiarios que él y sus "fans"; así como al columnista de El Universal le aplauden cada que critica a la "izquierda", nosotros vamos y aplaudimos como focas cuando alguien critica al gobierno, aunque no tenga bases ni fundamentos, "pa'qué".

Para cerrar, quiero publicar íntegro el comentario de mi profesor Adolfo, quien fue el único que se tomó la molestia de analizar el texto (o cuando menos, eso parece), a él, muchas gracias:
"Debo felicitar a Ari Santillán por la pulcritud de sus argumentos en esta entrega. Tiene razón en afirmar que el peso de la masa encefálica define la inteligencia; nada que ver con las circunvoluciones, las anfractuosidades o las sinapsis; nada, con el axón de cada neurona o la mielina. La inteligencia es cosa del peso de la masa encefálica, ¡faltaba más!
Y desde luego que los policías no piensan, es evidente que son “idiotas con casco” y que “reciben órdenes”; si cuestionaran las órdenes que reciben, pues serían seres pensantes y lo más seguro es que no serían policías. Serían intelectuales, seguramente; grandes poetas como «Marcos» el de la Lacandona.
Pero como son “peor que los animales” desde luego que está bien “que les rompan todos los huesos, que les saquen los ojos y que les quiten hasta la última gota de sangre de su vil cuerpo”, al cabo que como dijera otro prohombre sabio —me refiero a Diego Fernández de Cevallos— “los derechos humanos son para los humanos derechos”, pero éstos no, éstos son animales, no piensan, merecen morir.
Nada de considerarlos seres humanos, nada de pensar en sus derechos —¿por qué habrían de tenerlos si son unos pinches monos, como los apandados de José Revueltas?—. Nada de pensar en sus familias, en sus necesidades o sus historias. Como animales que son se parecen a los judíos y desde luego que sería bueno exterminarlos a todos; el buen Hitler y su amigo el sabio Mussolini estarían complacidos con terminar con estos policías estúpidos que sólo reciben órdenes. Y no vayan a pensar que hay aquí algún tipo de odio o xenofobia. ¡Ni un ápice de fascismo! Es claro que estamos los buenos y los malos. No vean maniqueísmo en estas palabras.
Por otra parte, tampoco tiene sentido investigar a profundidad cuál es la realidad de San Bartolo Ameyalco. ¿Para qué? El “pueblo bueno” ya habló. Siempre habla y su palabra es “Verdad”. Nada de buscar al delegado; de conocer las minutas de trabajo firmadas; nada de hacer periodismo de investigación. Eso es una güeva. Mejor pongamos las fotos de estos monos, los exhibamos en su miserable actuación, en su tinta. Que sus familias vean cómo se desangran. Que las imágenes sirvan de escarmiento.
Que revienten a esos policías que son menos que animales. ¿Para qué exigir a las autoridades su capacitación o la observancia de protocolos de actuación? ¿Para qué hablar de legalidad si tan simple que resulta que piensen? ¿Para qué pensar siquiera en la legalidad, como principio deseable?
¡Ah! Si tan sólo pensaran el mundo sería una maravilla. Pero como no es así, pues que se mueran. Que así triunfa nuestro sentido de la legalidad y la justeza de nuestros argumentos".

A continuación reproduzco los comentarios que recolecté sobre el texto "Pero quién los manda, ¡carajo!"













Por último, quiero decir que no podemos seguir actuando igual que gente como Ricardo Alemán, no podemos repetir sus mismos vicios, tenemos que ser mejores, no podemos reproducir información a lo pendejo, aunque sea una opinión, sobre todo los periodistas debemos tener claro nuestro papel dentro de la sociedad. Interesante experimento este que me demostró cómo funciona la mente de Ricardo Alemán y otros tantos más.

martes, 6 de mayo de 2014

La ofensiva peatonal


No quiero que este artículo funcione como manual de autodefensa peatonal; tampoco quiero que los lectores piensen que la agresividad y la violencia son la solución, sin embargo, como peatón harto y desesperado de los atropellos (literalmente, también) causados por el “dios-coche” propongo una serie de medidas para educar a esos mandriles al volante conocidos como “automovilistas” (favor de notar las comillas, estos primates no son automovilistas).
Por cierto, si usted es un automovilista responsable y respetuoso de la ley y de la pirámide de movilidad, no tiene que preocuparse por la integridad de su armatoste contaminante de más de 100 mil pesos.
     1.     Hace poco conocí a “un Rob”, peatón que sufrió de la violencia automotriz afuera de su casa por un vecino adicto a estacionarse sobre la banqueta. Su idea es práctica y genial: la “Campaña Nacional para el Reconocimiento de Imbéciles al Volante” que se basa en un sténcil y stickers imprimibles para reconocer a mandriles-choferes. El sténcil es para marcar lugares de estacionamiento exclusivos para imbéciles como banquetas, esquinas y rampas para discapacitados. Los stickers se pueden pegar en automóviles que tocan el cláxon insistentemente, se estacionan “como imbéciles”, estorban pasos peatonales o ciclovías, conducen imprudentemente o estorban rampas para discapacitados. Todo el material se puede descargar en http://cnriv.pati.to/ gratuitamente.

2.     Una medida, relativamente peligrosa, pero que me ha funcionado sin mucho que lamentar, es estirar la mano marcando el alto a los automóviles que dan vuelta imprudentemente o que planean o se pasan una luz roja en un semáforo. La mano debe ir estirada a la altura del espejo retrovisor, ya que en caso de no frenar, el espejo chocará con tu mano, ocasionando que se doble (si es de los que se doblan) o se rompa (si no se dobla); el chiste es que la mano no debe estar muy firme ya que corremos el riesgo de lesionarnos, sino “dejarla ir” con el movimiento del auto. En caso de problemas con la autoridad recuerda mencionar que tú le marcaste el alto al vehículo y que, al no frenarse, él te golpeó, siendo un cuasi-atropellamiento.

3.     Estamos cansados que los automóviles se queden parados sobre el paso peatonal que, al final, es el espacio de los peatones; si ellos invaden nuestra zona, nosotros podemos reclamarla caminando  sobre sus cofres; sé que muchos conductores dirán que es injusto porque muchas veces el tránsito ocasiona que se queden ahí, sin embargo es necesario  recordar la iniciativa del gobierno de Marcelo Ebrard y los “Cruces de cortesía”, cuya premisa era que los automovilistas frenaran antes del paso peatonal si el tránsito no permitía cruzar la calle o avenida completa en cuestión, aún con el semáforo en verde; además, esto serviría para evitar nudos viales.

4.     Otra medida, con, prácticamente, nulos resultados, es exigir a los policías de tránsito autorizados para infraccionar que hagan su trabajo; si estás en posibilidades, grábalos y pídeles su nombre y número de placa; cuando menos puedes levantar una queja a Inspección SSP-DF en Twitter @inspeccion_CDMX, aunque tampoco sirve de mucho, pero bueno…

5.     ¿Autos en la banqueta? Una opción es usar el sténcil y los stickers de “un Rob” pero otra es practicar un poco de parkour nivel básico pasando por los cofres o, para no ser tan obvio, que te parece “ir buscando las llaves de tu casa” mientras rodeas el auto y le dejas un bello rediseño raspando la pintura; si te quieres ver exquisito y probar tus aptitudes artísticas deja un mensaje o un pequeño diseño como una mano con el dedo medio levantado, ja ja ja. También puedes cargar un plumón indeleble y escribir algo en su parabrisas, ¡déjale un mensaje de amor al mandril!

6.     Otra opción que me agrada es –usando botas con casquillo–, patear autos que se quieren pasar un semáforo en rojo o que dan una vuelta sin fijarse; incluso he roto defensas y luces sin lesionarme.

7.     Recuerda siempre que si el mandril se baja de su unidad y te comienza a perseguir, debes correr en sentido contrario de los autos e intentar salir de la zona lo más rápido posible. Hay algunos a los que no les importará dejar su carro abierto y prendido a la mitad de la calle con tal de “darte una lección”; también recuerda que los más agresivos son los que más tiempo pasan al volante por lo que sus funciones motrices están un poco atrofiadas.
Cada quien es responsable de las medidas que tome, pero esto funcionará como costosas lecciones para esos mandriles que gustan de moverse en automóvil. Actualización Gracias a los comentarios de varios de ustedes, amables lectores, quiero especificar el término "mandril" y su diferencia con el término "automovilista". Para fines de este texto, un automovilista es un ser humano con derechos y obligaciones que conduce un vehículo automotor respetando las leyes y reglamentos (tanto vigentes como las de sentido común) que NUNCA será violentado ni en su persona ni en su propiedad (su automóvil) al no existir motivos para esto. Mientras que un "mandril" es un primate parecido a un ser humano que terminó con las nalgas rojas por estar la mayor parte del tiempo sentado dentro de su automóvil, que tiene poca paciencia y cree tener derechos superiores a otras personas e, incluso, a otros automovilistas porque, simplemente, su primitivo cerebro no le permite hacer conciencia. Son éstos los que deben cuidarse de sufrir daños en su preciada propiedad de cuatro o dos ruedas. Espero esto sea suficiente aclaración para evitar malos entendidos. Agradezco a todos los que han leído esta y otras entradas en este espacio.
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