¿Cuántas veces ha salido de su casa pensando en morir en un hecho de tránsito?, ¿cuántas veces toma su auto, su bici, el transporte público o camina pensando "hoy quiero verme involucrado en un incidente vial"?
No nos movemos pensando en matar o morir a medio camino. Nos movemos para ir a nuestro trabajo, escuela, al cine, a pasear, a ver a algún familiar o amigo, para ir a comprar un litro de leche o una despensa completa.
El 22 de mayo me volvieron a arrollar; un sujeto de nacionalidad armenia que conducía una camioneta Mercedes Benz con placas del Estado de México EMH 22 50 aceleró para pasar por encima de los bolardos que confinan la ciclovía de Horacio y arrollarme. La imagen fue tal que los presentes se le fueron encima; patearon la camioneta y le "cantaron el tiro" al conductor. Ante esto, una persona me preguntó "¿otra vez?, ¡algo debes estar haciendo mal!".
No supe qué contestar hasta hoy; ya sé qué estoy haciendo mal: respetar las reglas.
En bici no ruedo sobre banquetas ni en sentido contrario; no utilizo audífonos y utilizo mis brazos para hacer previsibles mis movimientos; intento utilizar la infraestructura disponible (que esté libre de obstáculos, baches o coladeras) e intento conducir mi vehículo de una forma cordial y respetuosa con todos.
Y no, no siempre lo hago; también he rodado sobre banquetas y en sentido contrario; he olvidado hacer señales con mis brazos y a veces me salgo de la ciclovía; también he rodado por el carril confinado del Metrobús y también he mentado madres.
Riesgo vs riesgo
Para entender por qué los ciclistas "no respetan" algunas disposiciones del reglamento de tránsito, habría que hacer un ejercicio que, a veces, parece muy difícil: ser empáticos.
Al andar en bici por la ciudad no hay peor sensación que llevar un automóvil a pocos centímetros de ti, sabiendo que con un pequeño movimiento de tobillo, ese auto puede arrollarte sin mayor problema; sabiendo que esa pequeña distancia puede provocarte una caída si es necesario hacer alguna maniobra por un bache, por ejemplo; sabiendo que si el conductor del auto va distraído, en el mejor de los casos con su GPS o con los miles de espectaculares que contaminan nuestra ciudad. Peor aún si el automovilista lleva prisa, está desesperado por la congestión o perdido, buscando una dirección.
Cuando empiezas a moverte en bici por las calles de la ciudad, lo que buscas es prevenir la mayor cantidad de riesgos posibles; es riesgoso andar en sentido contrario, sí. Pero es más estresante traer un auto atrás de ti. Esta lógica que no carece de sentido común es la que orilla a muchos ciclistas a rodar en sentido opuesto, sobre todo si no hay experiencia rodando en las calles o no se tiene el temple para que esta situación no afecte tu recorrido.
Pasa algo similar con las banquetas; para un ciclista, el peatón representa un riesgo mínimo contra un automóvil. Antes de continuar, quiero dejar claro que estoy completamente en contra de rodar por las banquetas. Continuemos... Reforma es un gran ejemplo: la ciclovía en muchos tramos está en pésimas condiciones, hay incorporaciones peligrosísimas como las de las glorietas del Ángel, la Diana, el Colón, entre otras, donde los autos dan vuelta desde carriles centrales; además, esta ciclovía es constantemente (por no decir perpetuamente) invadida por taxis, servicios de pasajeros como UBER o vagonetas de turismo. El riesgo de circular por la banqueta es atropellar a un peatón; el riesgo de circular por la ciclovía confinada es, en el peor de los casos, ser arrollado y morir por un automovilista que se quiso estacionar ahí "nomás 3 minutos".
El riesgo de circular por el carril del Metrobús vs el riesgo de circular por Insurgentes o Vallejo
Hace unos días comenzó a rolar un video de una compañera ciclista con la pierna destrozada, ella estaba sentada en el camellón central de Vallejo, sobre el carril confinado del Metrobús. "¡Es una irresponsable!". ¿Están seguros?
Analicemos.
Circular por avenidas como Vallejo o Insurgentes, sin infraestructura ciclista y con carriles angostos, con miles de automovilistas queriendo pasar lo más pronto posible, aventando su auto para "abrirse paso", dando vueltas continuas, pegándose lo más posible al vehículo de enfrente en lo que llamo "la guerra del milímetro", contra circular por un carril despejado en el que los únicos que pasan son los BRT con frecuencias de paso prevenibles; siempre nos puede fallar el cálculo y terminar involucrados en un hecho de tránsito.
Entonces, ¿debemos permitir que los ciclistas rueden por los carriles del Metrobús?
NO, nunca; es peligrosísimo, sobre todo por el peso de un camión de estas características, lo que provoca que tarden más en frenar, además del riesgo que implica para los usuarios del transporte público que el bus frene en seco.
Lo que la autoridad debe hacer es generar infraestructura de calidad, previendo aforos futuros, que hagan que los ciclistas se sientan más seguros en él que en el carril del Metrobús o en la banqueta. Lo que nos toca como ciudadanos es exigirlo; no sólo por los ciclistas, sino por todos; arrancaba este post mencionando que nadie sale de casa pensando en matar a alguien.
Aunque lo primero que debemos de hacer es dejar de culpar a las víctimas y practicar nuestra empatía.
aversión. (Del lat. aversĭo, -ōnis). 1. f. Rechazo o repugnancia frente a alguien o algo. (Léase, algo diferente a lo que sale en todos los medios)
Contacto Directo
Twitter: @ari_santillan
Se permite la reproducción total o parcial de los textos dando crédito al autor: Ari Santillán, mediante licencia Creative Commons.
Se permite la reproducción total o parcial de los textos dando crédito al autor: Ari Santillán, mediante licencia Creative Commons.
lunes, 26 de junio de 2017
¿Por qué la ciclista se metió al carril del Metrobús?
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viernes, 26 de febrero de 2016
Vecinos empoderados
Escena 1: Un grupo cerrado en Facebook donde vecinos de una
colonia se quejan, debaten, discuten y planean cómo mejorar la colonia. Todo se
queda en miles de caracteres y comentarios en Facebook.
Escena 2: Un funcionario público de la Delegación Miguel
Hidalgo, en la Ciudad de México –donde está enclavada la colonia en cuestión–
comienza una dinámica que sorprende, atrae y atrapa: transmitir sus operativos
en la calle por la red social Periscope. Graba a una señora tirando basura, a
escoltas y más escoltas hasta que le parten la madre… Sigue grabando.
Escena 3: Hay un excelente debate sobre derechos humanos,
espacio público y atribuciones por parte de las autoridades.
El grupo de Facebook se traslada a Whatsapp con un pequeño
grupo de vecinos que deciden empezar a hacer cosas. Salen muchas propuestas
pero las agendas de los miembros no permiten continuar. Sin embargo, inspirado
por aquél funcionario de la Escena 2, un vecino decide convocar a otro par para
recoger elementos que obstruyen la vía pública y son utilizados para apartar
lugares.
Se ponen de acuerdo rápidamente y, en la noche de un lunes,
salen a recorrer a pie su colonia y recoger todos esos “cachivaches”. Los
asistentes a esa caminata decidimos replicar la utilización de Periscope para
protegernos y, también, para que los que nos ven nos puedan aconsejar, criticar
y preguntar lo que gusten mientras recogemos huacales, botes, conos, sillas…
Sin haber planeado la logística, nos encontramos muy rápido
con el primer error: ¿qué carajos hacemos con todo lo que recojamos? Somos tres
personas, a pie. Decidimos reunirlas en puntos estratégicos y seguir el “operativo”
ciudadano mientras pensamos qué hacer con toda la basura.
De pronto, personal de la delegación Miguel Hidalgo, nos
informa –vía Periscope– que van camino a apoyarnos. Felicidad, hemos logrado
algo a lo que antes sólo el círculo rojo tenía acceso: movilizar a las
autoridades ante un impulso ciudadano. Ninguno de los vecinos tiene contacto o
altos cargos en el gobierno; vaya, ni siquiera en las organizaciones donde
trabajamos somos imprescindibles.
Fuera de algún intercambio de tuits, algún saludo distante,
alguna pregunta en algún evento público, el contacto con las autoridades es
exactamente el mismo que puede tener cualquier ciudadano; sin embargo, –al
parecer– les sorprendió a las autoridades delegacionales lo que estábamos
haciendo; notaron nuestros errores logísticos y decidieron enviar apoyo,
personificado en la figura de Mariana de la Chica, directora de prevención del
delito en la Miguel Hidalgo.
Llega, saluda sonriente, su imagen se replica por Periscope
y el machismo se hace notar: comentarios sobre su belleza, peticiones amorosas,
entre otros invaden la pantalla del celular desde el que se transmite. Mariana
no repara en esto y decide poner manos a la obra; asegura que sólo trae su
vehículo personal (una camioneta tipo SUV) pero que lo podemos usar para
recoger “lo que quepa”. También nos dice que ya pidió una Pick-Up que llegará
en cualquier momento.
Mariana nos echa porras, nos dice que la delegación apoyará
a los vecinos que se organicen para mejorar sus colonias; da consejos y hace
notar su colmillo en este tipo de operativos. Nos aconseja ir primero a cierta
calle o recoger la basura en cierto orden para hacer más eficaz el “operativo”
ciudadano.
Acabamos porque ya no cabía un clavo más en la camioneta
SUV, ni en la Pick-Up que nos alcanzó a medio recorrido. Ambas llenas. Los
vecinos se sienten felices aunque saben que faltó mucho más. Faltaron calles
por recorrer y botes por retirar pero es imposible continuar.
Segundo intento
Queriendo mantener el impulso inicial, la delegación nos
ofrece una camioneta Pick-Up y apoyo policial para un nuevo recorrido. Una
llamada y ya estaba todo listo. Salimos otra vez, recorrimos partes de la
colonia que se habían “salvado” en el anterior operativo ciudadano. Mariana
llegó puntual con dos personas de la delegación que nos ayudarían a recoger los
estorbos más pesados (macetones, tubos…) y a quitar esos “aparta-lugares” que
se aferran con cadenas y candados a la vía pública.
El “operativo” fue más eficaz, la camioneta se llenó en
menos de dos horas. Se remitió a un guardia de seguridad privada al Juez Cívico
por apartar lugares; persona harto conocida en la colonia por su gandallez al
cobrar por estacionarse en la calle que vigila.
Sí, salieron vecinos a quejarse, la mayoría cejaba su
intento al ver que los vecinos íbamos acompañados de personal de la delegación.
No faltó el que intentó todo para no llevarnos sus tubos –incluso puso su
camioneta sobre los tubos– pero de nada le sirvió. Se unieron más vecinos, se
acercaban con miedo, saludaba y se presentaban; a los cinco minutos ya estaban
contagiados de la fiebre feliz de mejorar la colonia; ya decían “por acá, por
acá” o solicitaban “¡la cizalla, la cizalla!” para cortar alguna cadena;
reímos, reímos mucho, platicamos y conocimos historias interesantes, de esas
que jamás se conocen detrás de una computadora.
Creando comunidad
El debate generado por el caso de Periscope y el City
Manager de la Miguel Hidalgo, Arne aus den Ruthen, y los derechos humanos ha
levantado amplias ondas de debate que, cada vez, se especializa más. Quisiera
seguirles el ritmo pero ya me sobrepasó –mi intelecto no puede procesar tantos
argumentos tan especializados tan rápido–. Agradezco a Antonio Martínez –de Horizontal–
que me haya resuelto algunas dudas pero tengo mil más, seguiré el debate desde
la barrera.
Sin embargo, algo que sí le funcionó a Arne fue esto,
precisamente, hacer que ciudadanos salieran a las calles a arreglar sus
colonias. El city manager ha mencionado que se inspira en el exalcalde bogotano
Antanas Mockus, para mí, el colombiano es un ídolo.
Mockus profesa la Cultura Ciudadana: que los mismos
ciudadanos se regulen, en Bogotá fue un éxito tal que a la fecha se extraña la
época de Mockus.
Hagamos cultura ciudadana, si queremos que las autoridades
dejen de violar (o no) nuestros derechos humanos; hagámoslo nosotros. Me parece
un despropósito que cualquier gobierno tenga que gastar millones de pesos para
ordenar algo que, como sociedad, debiera estar solucionado; siempre habrá algún
“listillo” pero no tantos como para llenar cuatro camionetas en menos de una
semana.
miércoles, 13 de mayo de 2015
Yo también leí Ensayo sobre la lucidez
Saramago, el portugués que tanto nos dio a través de sus
letras, escribía sobre un utópico mundo realista donde una sociedad cansada de
su clase política se vuelca a las urnas votando en blanco –o anulando su voto–,
la novela inspira y calienta la cabeza, sobre todo, en tiempos electorales.
Terminando de leer la novela –editada en español por el
gigante Alfaguara– uno corre a tomar su smartphone para escribir sobre por qué
debemos unirnos y votar en blanco; videos en Youtube y miles de entradas en
blogs –alguna vez yo también intenté convencer a quienes me leen de anular el
voto– nos dan argumentos de sobra, estamos tan enardecidos que los argumentos
en contra de esta protesta nos hacen lo que el viento a Juárez –ya, por favor,
díganme de dónde viene esta frase–.
Todavía en algún Vive Latino fui de los que hicieron
“campaña” por anular el voto entre el Foro Sol y Café Tacvba.
¡Qué equivocado estaba!
Yo también tengo una clase política que no me representa, no
me identifico con ningún partido político y me arde que se gasten fortunas en
pendejadas que ni informan, ni nada conocidas como campañas.
Pero mi coraje ya no va contra la pinche boleta de papel con
los logos de los partidos políticos, va contra aquellos votantes “duros”, esa
bola de pendejos que votarían por “su” partido, así les pusieran excremento de
candidato, esos ciegos que “son” panistas, priistas, perredistas, morenos o, en
el peor de los casos, verdes…
Sí, ya sé que los diputetes y senadoretes votan por consigna
de su partido, pero ni así, caray.
Lo malo es que estos votantes “duros” –como su cabeza– son
los responsables de decidir cuánto dinero le toca a cada partido, lo peor es
que para esta ecuación se eliminan los votos nulos.
Un grave problema es que como sociedad pensamos que nuestra
responsabilidad democrática es hacer el enorme esfuerzo de levantarse un
domingo cada tres años para ir a las urnas a depositar nuestro voto. Sin
embargo, esto es lo mínimo que se debe hacer en una sociedad que, “de a devis”
se considere democrática.
¿Ya conoces las propuestas de tus candidatos a diputados
locales, federales y delegados o presidentes municipales?, ¿ya revisaste si tus
candidatos hicieron su #3de3?, ¿mínimo sabes sus nombres y de qué partido son?
Más que el presidente, los gobernadores, los presidentes
municipales o delegados, son los legisladores los que “nos representan”. Esta
bola de lacras cobra por representar a su distrito, según. Pero si en su
distrito de 10 mil personas, sólo 20 se quejan, protestan, ofrecen soluciones,
etc., está muy cabrón que los legisladores los tomen en serio por la sencilla
razón de que 20 vecinos no representan el sentir general de un distrito.
Obviamente un político profesional, no representa más que a su círculo que
suele ser la minoría más beneficiada del país.
¿Qué hacer?
Organizarnos.
Debemos crear comunidad, no esperar a que el gobierno la
genere por nosotros. Debemos empezar por conocer a nuestros vecinos, a ser
corteses, amables, a no dañar nuestra colonia, no ensuciarla. Debemos
respetarnos entre nosotros, así será más fácil llegar a consensos y exigir al
gobierno mejoras en nuestro entorno, pero mientras unos abogamos por más
ciclopistas, banquetas dignas, mejor transporte público y otros exigen más
carriles para los autos y mayores límites de velocidad, nos enfrascamos en una
discusión bizantina en la que los únicos ganones son los desgraciados
políticos.
Si te da “hueva”, “no tienes tiempo”, crees que “para eso
está el gobierno”. Te pido que no te quejes de las manifestaciones, del
tránsito, de la basura en la calle, de la corrupción, ya que tu omisión es
cómplice en la gran vida que se dan nuestra honorable clase política.
¡Ah! Y no, “tu rock no es votar” –¿recuerdan esa ñoñísima
campaña?–, tu “rock” es ser un ciudadano activo y participativo, es saber en
qué se gastan tus impuestos. ¿Sabías que cada dependencia gubernamental tiene
un portal de transparencia?, ¿sabías que hay (des)gobiernos que han pagado más
de 15 mil pesos por una memoria USB de 2 Gb?
Si anulas, si no votas, si votas por el que ganó o por el
que perdió, igual tienes derecho a exigir pero también tienes la obligación de
informarte. Mínimo, ¿no?
La cerVeza en el pastel
Por ahí leí que el vocero del PVEM aseguraba que la campaña "contra su partido" era por miedo. Obviamente él se refería a miedo a que el "Verde" tuviera un máximo histórico de votos en estas elecciones intermedias. Aunque le atinó en lo del miedo, la verdad es que nos da pánico que un partido que se ríe de las leyes y las instituciones sea uno de los responsables de legislar y gobernar en nuestro país. ¿Qué se puede esperar de un partido que se burla de las leyes a la hora de legislar?
Urge que le #QuitenElRegistroAlVerde
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jueves, 7 de mayo de 2015
"Pos use su Uber, joven"
Hoy en la mañana tomé un taxi rumbo al metro, es un viaje de
menos de 25 pesos –si no tienen el taxímetro alterado, me han cobrado hasta
$35– y menos de 10 minutos de duración. Tiempo suficiente para que el amable
taxista se despidiera diciéndome “pues mejor use su Uber, joven” después de
argumentarle por qué la gente prefiere el servicio de choferes privados al taxi
normal.
El taxista en cuestión, que no traía su tarjetón visible en
la ventana derecha trasera, me decía que no le parecía justo que a ellos les
exprimieran muchísimo dinero en placas, pintura, revista, taxímetro,
revisiones, etc., mientras los Uber no necesitaban más que su auto.
Le pregunté por qué no se hacía Uber para sacar una lana
extra y me respondió: “uy joven, es que piden un montón de requisitos y la
verdad está cabrón”.
Está cabrón… Sobre todo si la corrupción imperante entre los
“de Gestión” –quienes se encargan de hacer las pruebas a los taxistas y a sus
vehículos– es tan grande que, cuando menos el taxista que me tocó hoy, no encuentra
la forma de hacer sus trámites sin mordidas.
Y es que si en algo tienen razón los taxistas es en la
cantidad de dinero que gastan para obtener el permiso de servicio de pasajeros:
Revista vehicular 2015: $1,366.37 (anual)[1].
Licencia tipo B (para Taxi): $874.00 (por 2 años) y
$1,315.00 (por 3 años)[2].
Pago de derechos por concepto de registro de representantes
legales, mandatarios y apoderados de personas morales concesionarias y
permisionarios del servicio de transporte público individual de pasajeros:
$4,617.50[3].
Placas: En Mercado Libre se venden, en promedio, en $80,000.00 con vigencia por diez años y se rentan por $1,500.00 mensuales[4][5].
Placas: En Mercado Libre se venden, en promedio, en $80,000.00 con vigencia por diez años y se rentan por $1,500.00 mensuales[4][5].
Taxímetro: $150.00 en promedio. Se paga cada que cambia el
horario, sube la tarifa o se descompone.
Total por tres años: $90,931.61 en trámites (no contamos
tenencia, verificaciones, multas, composturas, pintura, entre otros;
consideramos dos cambios de taxímetro anuales).
Además, la Ciudad de México es la urbe con más taxis en el
mundo con la cifra récord de 250 mil taxis registrados[6], si
sumamos los “Ejecutivos”, los “Pantera” y otras organizaciones piratas y de
servicio privado de pasajeros, la cifra aumentará –no tengo el dato de cuánto–.
Uber tiene la culpa
Las organizaciones de taxistas han parado sus vehículos
frente a oficinas del gobierno local exigiendo la salida de las nuevas
modalidades de transporte como Uber o Cabify, arguyen competencia desleal pues
los Uber no tienen que invertir más de 100 mil pesos para circular como
servicio individual de pasajeros, sobre todo con el éxito que –sobre todo Uber–
ha tenido en la CDMX. Espetan pérdidas millonarias al secretario de movilidad
Rufino H. León Tovar y al jefe de (des)gobierno Miguel Ángel Mancera Espinosa;
exigen, como si fueran dueños de la calle, que el gobierno local saque a Uber y
Cabify, lo peor: Rufino y Miguel Ángel han declarado que los Uber y Cabify
serán remitidos al corralón. Le auguro la presidencia al Sr. MAME… (Sarcasmo).
¿Por qué los taxistas no exigen mejores controles, más
exámenes, una revista vehicular que sirva, capacitación, facilidades para
admitir otras formas de pago?
Claro, prefieren venderse como clientela política y ver qué
partido les ofrece su apoyo a cambio de votos (¿ya mencioné que hay más de 250
mil taxis registrados en la capital?). También prefieren la comodina corrupción
que les permite manejar un taxi sin pasar por exámenes de aptitudes, ni
revisiones de sus vehículos. El taxista de hoy me dijo que no se cambiaba a
Uber porque “piden muchas cosas, joven”.
¿Cuántos taxistas reprobarían los exámenes que realiza Uber
a sus prospectos de choferes?
Uber no tendría cabida en una ciudad donde las autoridades
tuvieran pleno control de los taxistas y donde los taxistas tuvieran
conocimiento de su labor.
Lo peor es que esta estúpida “guerra” se está llevando entre
las patas a aquellos taxistas que, de vez en cuando, nos sacan una sonrisa por
su excelente servicio y actitud, su auto limpio y su manera de conducir
impecable; ellos son los que deben exigir exámenes “tipo Uber” para quienes
quieran ruletear nuestra ciudad; les conviene a ellos, nos conviene a nosotros,
no le conviene a los taxistas cafres, ni a Uber (tanto).
Lo decía ayer: se vale soñar.
La cerVeza en el
pastel
[1] http://www.semovi.df.gob.mx/wb/stv/tpcp_2015.html
[2]http://www7.df.gob.mx/wb/stv/expedicion_renovacion_y_reposicion_de_licencia_tar
[3] http://www.semovi.df.gob.mx/wb/stv/Registro_de_Representantes_Legales.html
[4] http://listado.mercadolibre.com.mx/placas-taxi-df
[5] El Gobierno de la Ciudad de México ya no ofrece placas debido a la sobresaturación de taxis en la capital y, aunque es ilegal comprar placas de taxi, se puede hacer una carta poder para que otra persona -que no es el propietario de las placas- pueda utilizarlas.
[6] http://wikitravel.org/es/Ciudad_de_México
viernes, 24 de octubre de 2014
¡Ni un paso atrás! Entrevista con el caricaturista brasileño Carlos Latuff
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Sus dibujos muestran una crueldad que
incomoda por lo real, pero también nos dejan el mensaje de cómo se ve la
corrupción y la brutalidad del Estado fuera de México.
Casi un mes después de la matanza en la
Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, Ciudad de México, Carlos Latuff vio la luz en Rio de Janeiro, Brasil.
Para 2006, el caricaturista brasileño
ganó el concurso International Holocaust Cartoon Competition de Irán con una
imagen que compara el muro israelí que separa Cisjordania del país judío con
los muros de los campos de concentración nazis.
Latuff se ha especializado en dibujos con
conciencia social; sobre todo en temas como la ocupación israelí de Palestina,
los movimientos sociales de distintas partes del mundo, la política brasileña,
la represión latinoamericana y los movimientos zapatista en Chiapas y de la
APPO en Oaxaca.
Hace unos días Carlos publicó un par de
cartones sobre el ataque a los normalistas de Ayotzinapa, Guerrero, que dejó un
saldo de 43 estudiantes detenidos-desaparecidos y seis personas muertas.
Sus dibujos muestran una crueldad que
incomoda por lo real, pero también nos dejan el mensaje de cómo se ve la
corrupción y la brutalidad del Estado fuera de México.
Carlos,
¿cómo decidiste hacer estos cartones sobre lo sucedido en México con los
normalistas?
La primera idea es sólo una
representación de la situación actual que llaman “La guerra contra el
narcotráfico” en México, en general. El segundo cartón lo hice para ilustrar
las noticias recientes sobre el alcalde (José Luis Abarca) y su esposa (María
de los Ángeles Pineda) como las mentes maestras detrás de la desaparición de
los estudiantes.
¿Qué
pasaba por tu mente mientras los dibujabas?
Pensaba en todas las víctimas de esta
“guerra contra las drogas” sin sentido y cómo los narcóticos podrían ser
legalizados para dar fin a esta carnicería promovida por los cárteles y la
policía.
En
México, el regreso del PRI significó el final de la guerra contra las drogas,
cuando menos de manera mediática, pero la gente piensa que los narcos y los
políticos son los mismos.
Es imposible detener la corrupción
promovida por el tráfico de drogas. Nadie detendría un negocio rentable y las
drogas son uno de los mayores negocios en el mundo.
¿Por
qué crees que el caso de Ayotzinapa captó la atención internacional, cuando hay
otros temas similares en México como la Guardería ABC, los feminicidios en el
Estado de México y otros que muestran la falta de garantías a los derechos
humanos?
Creo que es un asunto de números. Si tu
matas a 100 personas en un solo ataque, esto captará la atención de la opinión
pública; si matas 100 personas, una por día o por semana, nadie prestará
atención.
Nunca he visitado México, así que no
puedo hablar sobre su gente, las únicas buenas referencias que tengo de México
son los zapatistas y los levantamientos en Oaxaca (APPO).
En Brasil estamos familiarizados con el
tráfico de drogas y la violencia policial. Brasil también está cargando con el
peso de la política contra las drogas de Washington.
Quizá la situación en Brasil no es igual
a lo que se vive en lugares como Ciudad Juárez, pero nosotros también estamos
lejos de ser un país de amor-y-paz.
¿Qué
dirías a los mexicanos que estamos enojados, que estamos tristes?, ¿qué hay que
hacer?
Como brasileño no me siento bien diciendo
qué tienen que hacer los mexicanos, creo que la solución para México recae en
los mexicanos.
De lo que estoy seguro, y aplica para
México y Brasil, es que la “Guerra contra las drogas” definitivamente NO es la
solución; al contrario, es el problema por sí mismo.
Creo que el internacionalismo, en la
solidaridad con la gente.
----
Carlos nos regresó a un tema que habíamos
olvidado con la salida de Felipe Calderón: la guerra contra las drogas. Este es
un tema que, como menciona Latuff, viene de Estados Unidos y que, desde hace
más de 40 años, marca la línea a seguir en cuanto a narcóticos para toda
América Latina.
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miércoles, 24 de septiembre de 2014
Mejor sin auto... Diario
![]() |
| Pa'que vean lo que se siente cuando se estacionan en las banquetas. |
El auto más vendido en México durante 2013 fue el Aveo de la automotriz estadounidense Chevrolet, que vendió 65 mil 331 unidades el año pasado; aunque no alcanzó los 66 mil 152 vehículos vendidos en 2012.El Aveo, en su versión 2015, tiene un rendimiento de entre 13.09 y 21.04 km/l, dependiendo de dónde se maneje y qué tan equipado esté, un promedio de 17.72 km/l para la versión más austera y un tanque de gasolina de 45 litros.El precio para el modelo más básico es de 149 mil 500 pesos, según la página web de Chevrolet.Vamos sumando:
$149,500 – Chevrolet Aveo 2015
$585 – Tanque lleno de gasolina “Magna” ($13.00 por litro) (Se tiene que llenar cada 797 km, en promedio).
$398 – Verificación vehicular en la Ciudad de México
$10,054 – Seguro anual con Inbursa (el más barato según autocompara.com)
$619 – Primer servicio básico a los 5 mil km en la concesionaria (el precio sube conforme aumenta el kilometraje).
TOTAL: $161,156 pesos contemplando una sola parada en la gasolinería.Una persona sin auto que viva y trabaje dentro de los límites del Distrito Federal suele utilizar el metro y microbús dos veces al día, lo que genera un gasto de 19 pesos diarios, contemplando que el microbús cobra $4.50.Esto significa que una persona podría viajar casi 8 mil 482 días con lo que le costaría un Aveo 2015. Esto es igual a viajar mil 212 semanas o 303 meses o 25.25 años.
No, no, no. "En movimiento, peor que yo".
Foto: Rodrigo Diaz (espero, la robé de su blog)Recuerda que estamos contemplando un viaje diario (siete días) de microbús-metro-metro-microbús y que sólo contemplamos una recarga de combustible y no contemplamos “externalidades” como tomar taxi, refacciones, arrimones, olores extraños, embotellamientos, accidentes, etc.Pero entonces, ¿cómo me quieren convencer de comprar un automóvil?
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martes, 23 de septiembre de 2014
Día Mundial Sin Auto 2014
Ayer se celebró el Día Mundial Sin
Automóvil, una iniciativa que empezó en 1973 con la crisis petrolera y las
primeras ideas para desincentivar el uso del auto y promover medios de
transporte más eficientes.
Sin embargo fue 21 años después, en 1994,
cuando se organizaron las primeras jornadas sin coches en Islandia, Francia y
Reino Unido; y fue hasta el inicio de este siglo que la Comisión Europea
constituye la iniciativa.
En la Ciudad de México, funcionarios como
Miguel Ángel Mancera, jefe de gobierno; Héctor Serrano, secretario de gobierno
capitalino; y Jesús Rodríguez Almeida, secretario de Seguridad Pública del DF,
decidieron subirse al metro para llegar a sus oficinas en el centro histórico
de la megalópolis.
Mancera subió al metro en la estación
Colegio Militar y bajó en la estación Zócalo, un trayecto de siete estaciones,
sin transbordes y en la línea considerada “turística” porque pasa muy cerca de
lugares como el Monumento a la Revolución Mexicana, la Alameda Central, el Palacio
de Bellas Artes, la calle peatonal de Madero y tiene salida al Zócalo de la
capital. El jefe de gobierno declaró que el metro “está llenito”.
Por otra parte, Héctor Serrano sí hizo un
recorrido más amplio, de doce estaciones, aunque igual, sin transbordes y en la
misma línea dos –o azul– que, además es la que tiene los trenes más modernos y
la que más inversión recibe.
Por último, Rodríguez Almeida,
responsable de la seguridad en la capital, aseguró que no recibió “arrimones” y
que cargaba con su cartera y tres móviles durante su trayecto en el
subterráneo. “No estaba lleno, había bastante espacio (…) muy seguro el metro,
eh”, declaró a medios de comunicación.
La
experiencia de turista
Estos personajes, responsables de muchas
de las decisiones que afectan la vida de los capitalinos, demostraron que sólo
son unos turistas en la ciudad que “dirigen”, que, realmente, no conocen lo que
es esperar entre tres y cuatro trenes para, mediante empujones y codazos,
abrirse un espacio mínimo para esperar que el metro no falle y llegar a tiempo
a su destino.
Sufren del “síndrome del turista”
(desconozco si exista la terminología, pero funciona muy bien para esto):
Cuando uno viaja a otro lugar, todo lo ve interesante, todo lo ve diferente,
todo es nuevo y especial; no solemos pensar en lo malo, lo feo o el vía crucis
que representa para, por ejemplo, los parisinos, tener que compartir su medio
de transporte con millones de turistas que se pierden, que no saben dónde
carajos bajarse o dónde demonios está la estación de metro más cercana a la
Torre Eiffel. Lo mismo pasa en el DF; los funcionarios se dieron su “baño de
pueblo” y estaban maravillados, supongo que no es lo mismo ir en un metro
funcional, que no se detenga entre estaciones y hacer 20 minutos de trayecto al
tormento de hora y media en automóvil al que están acostumbrados.
La
triste realidad
Después del show mediático, llegué a mi
oficina esperando con ansias salir a grabar a los autos que se estacionan sobre
la banqueta en la calle Alfonso Esparza Oteo en la habitacional colonia
Guadalupe Inn, al sur de la Ciudad de México.
Por un momento pensé que me llevaría la
sorpresa de encontrarme con grúas y sin vehículos sobre la banqueta;
lamentablemente fue un día más.
Incluso encontré una camioneta sobre la
banqueta con el conductor dentro, por lo que le hice un pequeño sondeo que
plasmo a continuación:
¿Qué opina de la gente que no usa los puentes peatonales?
Pues muy mal porque por eso pasan los accidentes.¿Qué opina de la gente que se atraviesa los semáforos corriendo?
Igual.¿Qué opina de los automovilistas que se estacionan sobre la banqueta?
Esteeee… muy mal también.¿Por qué está estacionado sobre la banqueta?
Estoy en una entrada. Estoy dejando un pasillo para que (los peatones) pasen, pero como es entrada, ahí no hay problema.
En lo personal me llamó muchísimo la
atención la última respuesta.
El desconocimiento del Reglamento de
Tránsito Metropolitano (RTM), la prepotencia de sentirse superior por tener un
automóvil. “Estoy en una entrada”, dice el automovilista; quizá entendieran si
pongo una mesita y unas sillas sobre el arroyo vehicular y argumento que “estoy
en la entrada de mi casa” y que me vale gorro que tengan que pasar, total, “es
entrada y es mía”, ¿no?
¿De qué sirve un Día Mundial sin Auto si,
el RTM se arregla a mordidas, cuando los policías “autorizados para
infraccionar” llegan a detener a alguien? ¿Si el transporte público sólo es
eficiente cuando “el jefe” se sube? ¿Qué pasaría si, con la infraestructura
actual, la gente decide bajarse de su auto y desquicia el transporte público?
Planeación, planeación, planeación… Es lo que le falta a esta ciudad…
La
cerVeza en el pastel
Para los que piensan que tienen derechos
por tener un automóvil, deberían pensar si no es un privilegio (que conlleva
obligaciones por el riesgo de manejar una máquina que puede matar). Ideotas…
que uno tiene, nomás.
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