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viernes, 17 de enero de 2014

¿Por qué no pago el boleto del metro?

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Pues me han dicho “jodido”, “naco”, “revoltoso”, “anarquista”, “perredista”, “pejelover”, “nini” y “bueno para nada”; sin embargo hago esto por algo que trasciende ideologías, posturas políticas o demasiado tiempo libre.
Soy uno de los millones de usuarios que bajan a las entrañas de la ciudad, mínimo un par de veces al día, para llegar a mi trabajo y de regreso a mi hogar, sí, así es, tengo un trabajo, como diría una señora borracha en Polanco: soy un “asalariado de mierda”.
Pero entonces, ¿por qué no pago los cinco pesos de pasaje si tengo para pagarlos?, además, ¿de qué me quejo si en otros estados del país el transporte duplica o triplica el precio?
Bueno, esto no es una cuestión de “jodidez” o de “agachez”, es por principio, por respeto a mi ciudad, a los demás chilangos, al medio ambiente.
Me explico:
Joel Ortega Cuevas, director del STC Metro, fungió como Secretario de Seguridad Pública del DF durante el mandato de Marcelo Ebrard; renunció a su cargo el 8 de julio de 2008 después de ser señalado como uno de los responsables del fallido operativo en el News Divine donde fallecieron 12 menores de edad el 20 de junio de 2008. Quien lo señaló como responsable fue la Comisión de Derechos Humanos del DF. Actualmente, como premio a su estupidez, es director del metro donde gana más de 91 mil pesos al mes (ya con las debidas deducciones de impuestos).
El caso News Divine vuelve a aparecer con Miguel Ángel Mancera Espinosa (MAME), quien fue nombrado Procurador General de Justicia del DF el 8 de julio de 2008, luego de la dimisión de Rodolfo Félix Cárdenas. MAME es un personaje que, en menos de un año, ha retrocedido el tiempo en la ciudad hasta finales de 1960. Represión, criminalización a jóvenes que protestan, oídos sordos a todos los que protestan, aumento en las tarifas del transporte público, un indiscriminado apoyo a grupos derechistas cuando, se supone, él es de izquierda, etc.
Otro personaje, Fernando Espino Arévalo, secretario general del Sindicato Nacional de Trabajadores del STC Metro desde 1978; es empleado del metro desde 1970, ha sido Diputado Federal en dos ocasiones, además de Diputado Federal Suplente entre 2010 y 2012 y también ha sido Diputado Local en la ALDF en tres ocasiones (actualmente ocupa una curul); todos sus cargos públicos han sido como priísta, aunque el señor también ha militado en el PVEM y Nueva Alianza. Además, en agosto del año pasado, algunos priístas exigieron la expulsión de Espino Arévalo de las filas del PRI porque “ha sido un político con una ética muy débil en cuanto a su lealtad institucional, porque su actitud en la fracción del PRI de la VI Legislatura de la Asamblea rebasó los límites de la entendible disidencia y se ha convertido en un abierto opositor y porque parece que confunde la lucha sindical con un chantaje como líder del Metro; amenaza con ir al paro si no le resuelven demandas que tienen poco que ver con asuntos de revisión sindical”, de acuerdo con Edgar Mereles, integrante de la Comisión Política Permanente del Consejo Político del PRI.
En lo personal, yo no quiero mantener a la rata-asesina de Joel, a la rata-represora de Miguel y a la rata-corrupta de Fernando.
Si esto no lo convence, también hay algunos datos duros:
¿Sabía usted que en 2012 el metro recaudó más de 4 mil 372 millones de pesos por concepto de boletos? Esta cantidad de dinero es muy similar a la utilizada en la operación “Plataforma México” de la Comisión Nacional de Seguridad en CINCO años.
¿Sabía usted que el precio de cinco pesos convierte al metro de la Ciudad de México en uno de los más caros del mundo de acuerdo a los salarios mínimos? Actualmente, el salario mínimo mensual en el DF es de 2 mil 18 pesos, esto significa que un boleto del metro es igual a 7.43% del sueldo de un obrero que, mínimo utiliza dos boletos al día: 14.86% de su salario diario se va en metro.
En París el metro cuesta casi 30 pesos, pero el salario mínimo ronda los 25 mil pesos al mes: diez veces más. El boleto en el metro de París representa 3.6% del salario mínimo de un francés, ida y vuelta: 7.2% (ni lo que cuesta un solo viaje en el DF). 
Hablando de París, su metro tiene más de 300 estaciones y 200 kilómetros de vías, distribuidas en 16 líneas y es el tercero más grande del mundo, por cierto, la superficie de París es de 105 kilómetros cuadrados; el metro del DF tiene 195 estaciones distribuidas en 12 líneas, con una red de 226 kilómetros, la superficie del DF es de mil 495 kilómetros cuadrados. ¿Entiende la diferencia?
La razón ambiental:
Existe una frase que, en lo personal, disfruto mucho que reza “Un país desarrollado no es donde el pobre tiene auto, sino donde el rico usa el transporte público”. 
Sin embargo, el gobierno del DF ha preferido incentivar el uso del automóvil desapareciendo la tenencia, mientras sube el precio del transporte público que, además, contamina mucho menos que un solo automóvil.
La ciudad es un caos automovilístico, pero no hay manera de pedirle a los conductores que dejen sus bólidos y se suban al metro mientras siga saturado, sucio e inseguro. ¿Por qué no utilizar el dinero recaudado por impuestos al automóvil para mejorar el transporte público?
La publicidad:
La concesión publicitaria dentro del metro está a cargo de ISA Corporativo, que explota los espacios del STC para colocar publicidad, por la que perciben ganancias anuales de miles de millones de pesos, mientras que paga por el uso de estos espacios en “especie” (¿ha visto la publicidad del metro dentro del metro? Esto es una forma de ISA para pagar al STC el uso de los espacios publicitarios).
En fin, hay muchas razones más, pero creo que estas son suficientes.
Por cierto, ¿qué puede hacer para apoyarnos? ¡Sáltese el metro todos los días! (Recuerde que no es delito, es una falta administrativa si usted se niega a pagar su pasaje, pero si lo agarra un policía saltándose los torniquetes, no pierda la calma, sálgase y pague su boleto).
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martes, 26 de noviembre de 2013

No al aumento de tarifa del STC Metro


En 2012 el metro de la Ciudad de México transportó a mil 608 millones 865 mil 177 usuarios, de los cuales 151 millones 478 mil 647 fueron “accesos de cortesía”[1]. Si restamos ambas cifras, nos da un total de mil 457 millones 386 mil 530 de accesos pagados, con lo que el metro recibió ingresos por 4 mil 372 millones 159 mil 590 (más de cuatro mil 300 millones de pesos) por cada boleto de $3.00 pesos que ingresó.

Para tener una idea de esto, de acuerdo con La Jornada[2] la operación “Plataforma México”[3] de la Comisión Nacional de Seguridad, gastó 4 mil 294 millones de pesos entre 2007 y 2012, cinco años.

El Sistema de Transporte Colectivo METRO, cuenta con 390 trenes, distribuidos en 12 líneas, además de contar con un “polígono de operación” de 282 trenes para que los 108 trenes puedan entrar a mantenimiento, proyectos especiales o reserva. Asimismo, la línea 1 cuenta con 50 trenes, siendo la línea con más trenes; mientras que la línea 4 sólo cuenta con 13 trenes[4].

De acuerdo a un folleto distribuido por el Gobierno del Distrito Federal en las estaciones del metro que lleva un plano de la red y titulado “Tu opinión SÍ cuenta”, el aumento se ocuparía para “comprar 45 trenes nuevos con aire acondicionado para Línea 1 y 12 trenes más para Línea 12” con lo que la Línea 1 contaría con 95 trenes, mientras que líneas como la 2 y la 3 se quedarían con 41 y 49 trenes y la nueva Línea 12 tendría 42 convoyes a su servicio.

También mencionan que el aumento permitiría la “Renovación integral de Línea 1 y remodelación de las estaciones con la asesoría del Metro de París”, red de transporte sumamente cara, sucia y descuidada, donde gran parte del dinero recaudado se utiliza para intentar detener a las personas que entran sin pagar y que se cuentan por centenas en estaciones como La Défènse al norponiente de París.

El siguente punto promete “dar mantenimiento mayor a los 45 trenes de Línea 2”, cuando su página menciona que sólo son 41.

Otro inciso menciona que se repararán 105 trenes “que están fuera de servicio”, lo que, de acuerdo con su página, significa que sólo hay tres trenes distribuidos en “mantenimiento sistemático, mantenimiento mayor, rehabilitación, proyectos especiales y como reserva”.

El GDF supone que un aumento en la tarifa mejorará los tiempos de recorrido de trenes en las líneas 4, 5, 6 y B, cuando el Metro ha hecho campañas echándole la culpa a los usuarios tercos que no permiten el “libre cierre de puertas” de los retrasos.

También prometen “incorporar 1,200 policías más para fortalecer la seguridad del Metro y evitar el comercio informal”, entonces ahora nos cobrarán la seguridad pública que, por cierto, es bastante deficiente, y da a entender que sólo mil 200 policías más podrán hacer frente al comercio informal porque los que hay ahora son incompetentes. Cuando menos son sinceros.

Por último, recuerdo que en 2009 una campaña similar nos prometió un metro único en el mundo si aumentaban un peso al boleto. Lo aumentaron y todo siguió igual o peor en algunas estaciones, aunque también se mejoraron ciertas cosas, muy pocas a comparación de lo que se necesita.

La falta de transparencia y de resultados han orillado a los habitantes de la Ciudad de México a no aceptar este nuevo aumento y con toda razón; ya desglosamos cuántos miles de millones de pesos entraron a las arcas del STC durante 2012, sin contar lo recibido por publicidad.




Si quieren aumento, antes exigimos transparencia TOTAL.



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martes, 16 de julio de 2013

¡A huevo!


Para el chilango común, leer a Diego Enrique Osorno en los distintos medios donde publica es acercarnos a una realidad norteña tan letal que es difícil imaginarla, sobre todo, cuando los relatos están escritos con una prosa que remite al lector a una novela de la época dorada del “realismo mágico”.
Detuvieron a Miguel Ángel Treviño, el “Z-40”, el primer gran capo detenido durante esta nueva era priista; los medios publicaron la detención en primera plana y los portales dieron espacio suficiente a la cobertura, sin embargo, se notó que algo cambió desde el 1 de diciembre de 2012; “algo” que evitó el desboque de los medios de comunicación como cuando se abatió a “El Lazca” (previo a convertirse en zombi y desaparecer) o cuando murió Beltrán Leyva en Morelos, con fotos de su cadáver “decorado” de pesos y dólares y sangre.
El gobierno federal no se cansó de repetir que durante el operativo “no se realizó un solo disparo”, que fue la “inteligencia” (estamos seguros que no se refería a la del preciso) la que logró la detención del tirano del narcotráfico en un paraje perdido en Tamaulipas.
Quedó demostrado que los grandes medios de comunicación tomaron las “recomendaciones” de la Secretaría de Gobernación para dejar de utilizar el prefijo “narco-“ en todo lo que tuviera que ver con esta, me atrevería a llamara, contracultura mexicana.
Sin embargo, los medios mexicanos dejaron, desde hace mucho tiempo, de mostrarnos la “realidad real” para enseñarnos la “realidad oficial”, esa “realidad” en la que abundan niños chimuelos jugando, trabajadores sonrientes, jóvenes deportistas y sanos, calles limpias, malandros con pinta de malandros, anarquistas que son vándalos (¿qué es el anarquismo? No sé, son los que desmadran lo que encuentran, ¿no?), etc.
Ese México “oficial” donde los “malos” simplemente son malos y los “buenos” están “trabajando por México” en secretarías y dependencias gubernamentales. No hay espacio para sentimentalismos: narcos, anarquistas, inconformes y activistas son malos, todos en el mismo costal. Gobernadores, gente que decide “ponerse a trabajar” en vez de “protestar”, políticos del PRI y priistas en general son los buenos y, al parecer, esto es una guerra. Los mass media, obviamente, están con los “buenos”, como guión chafa de Hollywood.
Mientras tanto, el ejército sigue en las calles sin importarle aplastar todos y cada uno de los derechos más fundamentales de cualquier ser humano, el narco sigue siendo el rey dentro de las aspiraciones de los jóvenes mexicanos (acción, dinero, impunidad, ¿qué más quiere un joven?), los activistas seguimos sintiendo que le gritamos a una pared y la “gente buena” no deja de aplaudir cual focas la detención del “Z-40”, ni deja de reprochar a los manifestantes (pinches quejumbrosos, uno también tiene sus problemas pero no por eso anda cerrando calles, ¡cuánta inconciencia, dios mío!) y los medios tradicionales siguen sin entender qué chingados es eso del Internet ni el funcionamiento óptimo de las redes sociales.
Ah, y en los territorios ocupados por cualquier compañía trasnacional ilegal (léase cártel) la gente sigue pagando derecho de piso, extorciones y siguen amaneciendo cuerpos asesinados de las formas más inverosímiles y variadas que ni a los productores de CSI se les hubieran podido ocurrir.
Pero, vamos bien, ¿no?

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martes, 18 de junio de 2013

El dilema de la “acción directa”

Desde el año pasado, mínimo, movimientos sociales, sobre todo estudiantiles, han estallado contra sus gobernantes, la corrupción y mil cosas más que décadas de (des)gobierno nos han ido partiendo los sueños en distintas partes del mundo.

Españoles pidiendo "no violencia" a la policía.
El 15-M en España, el #OccupyWallSt, los Indignados, el #YoSoy132; más actual están los enfrentamientos en Turquía y Brasil.

Todos hemos aprendido de todos, hemos estrechado lazos y hemos compartido inquietudes e, incluso, tácticas de autodefensa o de “acción directa”.

Recuerdo que en el #YoSoy132 una discusión que actualmente sigue siendo punto de conflicto es justo el de la “acción directa”; quienes están a favor ponen de ejemplo los enfrentamientos en España, Turquía, Brasil, Grecia, entre otros, mientras quienes estamos en contra, los “come-flores” que nos llaman, abogamos por manifestaciones pacíficas.

Un punto importante en los dos grupos es que no solemos prestar atención a la sustancia de las manifestaciones, hay mucho por qué protestar, el punto está en ser claros y concisos; a la gente no le gusta leer ni que le digan "floja", "desinteresada", "vendepatrias" y demás adjetivos que, por su apatía, les son válidos…

La crisis en Grecia, los desahucios en España, la crisis hipotecaria en Estados Unidos, la construcción de un centro comercial en una plaza turca, el aumento de 20 céntimos de real en las tarifas del transporte público de Brasil o el descarado y cínico apoyo que mostraron los medios masivos de comunicación por un candidato presidencial en México sólo fueron la gota que derramó el vaso.


¿La violencia social se justifica por la violencia del Estado?



Turcos rociados con gas pimienta.
Quienes apoyan la “acción directa”, de ahora en adelante nos referiremos a ellos como “tira-piedras” (de cariño), se defienden de este tipo de protestas pues dicen “el Estado es violento al subir los impuestos, al no ver por las clases bajas, al ser corruptos” y puede que tengan razón –les doy el beneficio de la duda–, sin embargo creo que esto no justifica el golpear policías “que simbolizan al Estado represor” o destruir “símbolos del capitalismo voraz” como cafeterías, hoteles o restaurantes.

Hace poco platiqué con un policía que me comentaba las penurias que viven dentro de la corporación del Distrito Federal, me platicó que gana 8 mil pesos al mes, que sus prestaciones llegan tarde, si llegan, que ellos tienen que comprar todo su uniforme, desde las placas hasta las balas, pasando por chalecos antibalas y cascos; las razones para ser policía son tan variadas como en cualquier profesión y no dudo que existan algunos subnormales que se hicieron policías para golpear o extorsionar ciudadanos; sin embargo, el policía con el que platiqué me comentó que uno de los mayores problemas es cuando un influyente les exige romper las órdenes que les dieron sus superiores, práctica común en la capital (desconozco en otros estados, aunque no creo que sea muy diferente).

#1Dmx.
Las corporaciones policíacas en el mundo han dejado de ser los vigilantes de la sociedad para convertirse en el grupo de choque que vela por la seguridad e intereses de la clase gobernante (incluidos dueños de empresas y descendencia).

Diferencias entre nuestros “vándalos” y los “vándalos” de otras partes del mundo

Pese a no conocer el contexto completo de los enfrentamientos con policías en Grecia, Brasil, Turquía, España y Chile hay una imagen reiterativa en los videos que rondan por la web: Muchísima gente gritando “¡No violencia”, policías apertrechados con escudos y toletes, tanquetas de agua blindadas y la mayoría de los manifestantes con cascos y máscaras antigas; las siguientes escenas son policías corriendo tras los manifestantes lanzando balas de goma, gases lacrimógenos y patadas y golpes por doquier. La constante en todos los videos es que los policías son quienes inician la violencia, los manifestantes se dispersan para reunirse e iniciar la autodefensa del “territorio arrebatado” en una épica imagen de defensa por los derechos humanos en cualquier sociedad.

En México pasa lo contrario, el 1Dmx los policías se encontraban detrás de enormes vallas rodeando San Lázaro, los policías no iniciaron la agresión. Hasta aquí, quienes llevábamos las de perder ante la crítica de la sociedad (al final de cuentas son protestas sociales) éramos los manifestantes.

#1Dmx.
Después la historia fue otra: detenciones arbitrarias, golpes, violaciones a prácticamente todos los derechos fundamentales, todo por parte de los granaderos del DF. Gracias Mancera.

Al parecer no aprendimos la lección y una minoría, cada vez menor (valga la redundancia), asistió a cada acto de protesta a golpear granaderos y romper vidrios permitiendo más detenciones arbitrarias. Si son o no infiltrados, no lo sé, sólo sé que le ayudan al gobierno a criminalizar la protesta.

¿Por qué no esperamos a que sean los granaderos quienes inciten a la violencia?

Seamos más inteligentes, vayamos preparados para cualquier sorpresa que nos tenga preparada el gobierno, pero dejemos que sean ellos quienes nos provoquen y no al contrario.

Después de las represiones en Sudamérica y Europa es común ver en las manifestaciones a gente que antes no le entraba al activismo defender a sus manifestantes de la brutalidad policial. En México sólo hemos logrado espantar a miles de personas que, durante las primeras manifestaciones del #YoSoy132, nos mostraba su apoyo.

Por último, quiero aclarar que, personalmente, respeto y honro a todos los movimientos sociales que buscan una ruptura de paradigmas en pos de un mejor mañana, sea cual sea su “forma de lucha”, simplemente creo que, para ganar adeptos, nos tenemos que centrar en nuestra realidad mexicana y dejar de compararnos con Brasil, Chile, Turquía, España, Francia, Portugal, Italia, Grecia, etc.


La cerVeza en el pastel


Por último quiero enviar un combativo abrazo a todos quienes luchan por un mejor futuro, a quienes "luchan" para golpear granaderos porque sí, no.



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El dilema de la “acción directa” by Ari Santillán is licensed under a Creative Commons Attribution-ShareAlike 3.0 Unported License.

 

lunes, 3 de diciembre de 2012

Crónica 1 diciembre


Poco después de las ocho de la mañana del primer día de diciembre el sol aún no calentaba pero a las afueras de la estación de metro San Lázaro –por el Eje 3 Ote. Ignacio Zaragoza– se sentía un clima sofocante.

El Sitio a San Lázaro. 

A lo lejos, sobre la Avenida Eduardo Molina, esquina Emiliano Zapata, se apreciaban imágenes de guerrilla civil: decenas de jóvenes encapuchados lanzaban objetos hacia dentro del cerco que resguardaba el Palacio Legislativo de San Lázaro; ahí, centenas de granaderos de la Policía Federal se cubrían de la lluvia de proyectiles, mismos que regresaban con saña hacia los manifestantes que se defendían con escudos caseros –tapas de ollas pozoleras, burros de planchar, maderas y vidrios–. La escena incluía algunos pequeños incendios provocados por bombas molotov que no alcanzaban el objetivo que se mostraba incólume con las vallas de dos metros de alto que mantenían aparentemente seguros a los granaderos.

Intentamos cruzar de la salida del metro hacia Eduardo Molina, donde 200 metros más atrás se congregaba el grueso de los manifestantes; sin esperarlo un ardor en los ojos, picor en la garganta y una horrible sensación en la nariz inundaron el ambiente haciéndonos retroceder de manera inmediata. –¡Pinche lacrimógeno! ¡Putos tiras hijos de su… aaah!– fue el grito que se escuchó; corrimos prácticamente a ciegas, con dificultades para respirar hacia uno de los puestos callejeros que están en las cercanías del metro, –¿tienes agua?– pregunté con los ojos llorosos, imposibilitado de aspirar aire limpio por la nariz y con la garganta cerrada por el escozor del gas lacrimógeno, –sí, a ocho– contestó el vendedor, le pedí dos botellas, no reparé en el precio, estaba fría y deliciosa, me enjuagué los ojos y la cara y di un corto trago a la botella que compartí entre otras personas que intentaron cruzar con nosotros el “área de conflicto” enmarcada por un puente por el que nunca dejaron de pasar trenes del metro pese a la humareda de gases lacrimógenos e incendios generados por los cocteles molotov que se elevaba a través del puente.

Sabiendo a lo que nos enfrentábamos nos cubrimos el rostro con nuestras prendas y cruzamos corriendo, esquivando piedras y latas de gas; logramos llegar a la Avenida Eduardo Molina, donde un puente peatonal fungía de frontera entre los grupos agresivos y el grueso de los manifestantes que superaba los 10 mil. El puente fue ocupado por los reporteros, camarógrafos y fotógrafos que cubrían las protestas que iniciaron desde las cuatro de la mañana, hora en la que un contingente de mil personas partió del Monumento a la Revolución.

Las personas congregadas ahí desde la madrugada coincidían en que los enfrentamientos habían comenzado alrededor de las seis de la mañana; eran las 8:30 horas y la intensidad iba en aumento; a cada “triunfo” de los grupos violentos –a “triunfo” me refiero a lanzar una piedra o un coctel molotov o regresar las latas de gas lacrimógeno del otro lado de las vallas– se dejaba escuchar una andanada de aplausos y aullidos de aprobación, al mismo tiempo que se escuchaban las detonaciones de “bombas de ruido” (cohetones que simplemente explotan), silbidos de más cartuchos de gases lacrimógenos y sonidos que cortaban el aire que, después lo supe, pertenecían a las balas de goma lanzadas por los policías federales que se resguardaban detrás del cerco.

Miles de personas con las caras tapadas no representaban al grupo que atacaba a las autoridades en las vallas. Una escena: un proyectil sale disparado desde el área donde se encontraban los granaderos dejando una estela blanca, la munición pasa por encima la zona donde se arremolinaban los grupos agresivos, el gas lacrimógeno cae a pocos metros del puente peatonal, comienza la desbandada hacia atrás y hacia calles aledañas, un joven cubierto con una máscara antigas y guantes agarra la lata y la avienta hacia un terreno baldío, la gente de prensa intenta bajar el puente huyendo del gas, los efectos son inmediatos, tomas borrosas, fotografías fuera de foco, reporteros con cascos y pañuelos en la cara ayudando a sus colegas, botellas de agua, vinagre, coca cola y pepto bismol (medicina para el malestar estomacal), caras enrojecidas, miradas intentando enfocar algo, gritos.

El cuerpo se empezó a acostumbrar a los efectos disuasivos del gas lacrimógeno, los ojos llorosos ya no eran motivo de replegarse, el picor en nariz y garganta ya no impedía respirar. –¡Un herido! ¡Ábranse! ¡Quítense! ¡Una ambulancia por favor! ¡Está cabrón!–, los gritos nos regresan a la realidad fuera de la autocompasión, en una improvisada camilla va, inerte, un señor de alrededor de 50 o 60 años, sangra profusamente de una herida en la cabeza que deja ver su cráneo abierto y roto –¡Hijos de puta!– grita un joven mientras intenta dispersar el enjambre de cámaras de video y fotografía que se arremolinan para tener la mejor imagen del herido.

Ahora lo sé, le dicen Kuy, le reventó una lata de gas lacrimógeno en la frente, tiene más de 60 años y dicen que intentaba cruzar del metro hacia Eduardo Molina, como nosotros lo hicimos horas antes, está en coma inducido en la Cruz Roja de Polanco y no se sabe si sobrevivirá.

La ambulancia se acercó lo más posible al grupo que daba primeros auxilios a Kuy, el papel de visor imparcial, de periodista terminó valiendo madres, agarré del brazo a un joven que se encontraba a mi lado y lo jalé hacia atrás –¡Un carril! ¡Dejen pasar a los paramédicos! ¡Para atrás!...¡Más atrás!, ¡más!– grité con todas mis fuerzas, no sé si mi acción estuvo bien o mal, era la vida de una persona, el instinto de auto conservación de mi especie fue más fuerte. Los paramédicos lo lograron inmovilizar y trasladar a la ambulancia donde alrededor de una decena de jóvenes hostigaban al chofer para conocer el lugar a donde sería trasladado, –A la Central, a la Cruz Roja de Polanco– musitó malhumorado el conductor.

No pasaron ni 10 minutos desde que Kuy salió en la ambulancia cuando dos jóvenes llegaron con heridas en el rostro, sangraban bastante por no decir demasiado. Iban transportados en rústicas camillas hechas con lo que se encontró al paso. Llegaron más ambulancias, se convirtió en rutina, la valla humana para permitir libre tránsito a las ambulancias y paramédicos, las preguntas desesperadas sobre el destino de los lesionados, los gritos contra los policías, el gobierno –¡Peña Nieto, esto es tu culpa!– gritó una señora mayor.

Se comenzaron a escuchar gritos al fondo, al voltear, un camión de basura con alrededor de 20 jóvenes encima se abría paso entre la multitud de manifestantes, al rebasar el puente peatonal de Eduardo Molina los jóvenes se bajaron, quedando sólo tres dentro del vehículo que se lanzaron directo contra las vallas metálicas donde impactaron el camión para salir de él y correr en dirección contraria.
Le intentaron prender fuego pero los policías lo sofocaron con extintores y chorros de agua que parecían provenir de mangueras de bomberos.

Mientras esto sucedía, el contingente del movimiento #YoSoy132 se mantenía expectante a las afueras de la estación San Lázaro del metro, en la Avenida Ignacio Zaragoza. No se escuchaban consignas contra el gobierno, a lo mucho se escucharon unos cuantos gritos de “¡no violencia!”. El grupo de estudiantes decidió continuar su protesta pacífica y artística en el Zócalo por lo que emprendieron camino rumbo al centro de la Ciudad pese a que personas de otros grupos les exigían quedarse a “luchar hombro con hombro” gritando consignas como “¡ni un paso atrás!”. Los estudiantes intentaron convencer a estos grupos de unirse a su protesta pacífica, aunque no lo consiguieron y continuaron por su camino.

Fin del Sitio a San Lázaro, retirada rumbo al Zócalo

Poco después de una hora, miles de personas comenzaron a dispersarse; algunos con rumbo al Zócalo, otros con rumbo hacia su casa. El ambiente se tensó, los grupos agresivos veían cómo se quedaban solos y emprendieron la desbandada en contingente. Este grupo tomó la Av. Eduardo Molina hasta la calle Héroes de Nacozari donde empezaron a destrozar todo el mobiliario urbano como paradas de metrobús; al romper un ventanal o prácticamente desaparecer semáforos a golpes, el grueso del contingente –no más de 200 personas– aplaudía frenéticamente y envalentonaba a otros jóvenes a hacer pintas.
Los perdimos durante unos minutos ante el inminente riesgo de marchar con ellos, los volvimos a encontrar en la esquina del Eje 1 Norte Albañiles y el Eje 2 Oriente Congreso de la Unión, a pocos metros de la estación Morelos del metro; ahí cuatro policías desarmados cuidaban que no pasaran autos por esa esquina. Los jóvenes utilizaron como piñatas todos los semáforos que encontraron ante la mirada impotente de los uniformados. Un joven con el rostro descubierto les advirtió a los policías de tránsito que “esto era su culpa” por “trabajar para un gobierno represor”.
El grupo continuó su camino por el Eje 1 Norte, nosotros tomamos el metro y nos fuimos a recargar baterías, humanas y de los celulares.

Reforma, zona en guerra

Después de descansar un par de horas salimos hacia Reforma, la escena era espeluznante camiones, camionetas y patrullas de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal daban rondines mientras grupos de no menos de 100 granaderos se movilizaban a pie a lo largo y ancho de la avenida.
Los informes de las redes sociales informaban de escaramuzas entre granaderos y manifestantes en Bellas Artes, Eje Central y Madero, Madero y Palma y el Zócalo, pero parecía que la destrucción ya había terminado en Reforma.

Decenas de pequeños grupos –no mayores a 30 personas–, muchos de los cuales habían estado en el mitin del ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador se manifestaban en la céntrica avenida gritando consignas contra Peña Nieto, Calderón y las autoridades.
Otra escena: un grupo de 20 manifestantes entre los que había señoras mayores, adultos, jóvenes y niños se manifestaba pacíficamente, un grupo de alrededor de 30 granaderos les impiden continuar rumbo al Zócalo, más granaderos forman un cuadro alrededor de los manifestantes y los “encapsulan”, los hombres y los jóvenes crean un círculo para proteger a las mujeres y niños, los granaderos comenzaron a cerrar el cuadro apretando a los manifestantes, los activistas gritaban –¡Ya estuvo! ¡No estamos haciendo nada! ¡Nos están apretando! ¡No sean ojetes, no estamos haciendo nada! ¡Hay niños y señoras!–, intenté salir y quedé atrapado entre las dos primeras filas de granaderos –¡Soy prensa, déjame salir!– supliqué a los uniformados a mi alrededor, uno de ellos me dijo –¡Órale, sáquese a la chingada!– mientras me empujaba hacia fuera del cerco, donde más granaderos llegaron a rodear, –¡soy prensa, chingada madre!–, grité, –pues aquí te aguantas, tranquilito cabrón–, respondió uno de los granaderos. Comenzaron las detenciones arbitrarias, del pequeño grupo de manifestantes extrajeron a dos personas al azar y las subieron a una patrulla, el granadero que me pidió tranquilidad le gritó a sus colegas –¡Aquí tengo a uno! ¡Aquí tengo a uno!–, se acercó otro uniformado que me agarró, le dije que estaba trabajando, que era reportero y me soltó, el granadero que pedía mi detención vociferó –¡Aquí tengo a uno, está blandito! ¡No se puede ni mover el pendejo!–, otro granadero me agarró del cinturón y me sacó del tumulto de granaderos –¡Soy prensa, cabrón!– le grité enfurecido, –¡me vale madres!– respondió y me subió a una patrulla.
En la patrulla iba con dos jóvenes menores de 20 años detenidos de la misma forma que yo; el conductor de la patrulla en ningún momento nos faltó al respeto y contestó nuestras dudas, nos informó que nos trasladarían a la Agencia 50 del ministerio público, pero en la esquina de las calles Dinamarca y Liverpool en la colonia Juárez, a tres cuadras de Reforma se detuvo donde un comandante que se encontraba parado a un lado de una motocicleta “nos dejó libres” recomendándonos irnos “directo a nuestras casas y dejar de estar de desmadrosos”, pues “ésta es la única que les voy a pasar”. Le expliqué mi situación de reportero cubriendo la información por lo que no podría regresar a mi casa, me pidió disculpas, me ofreció su mano y me recomendó cuidarme “pues esto va pa´largo”. Me despedí de él y alcancé a mi compañero en el monumento a la Revolución.

Revolución, Bellas Artes, Zócalo

El monumento, donde se asentaba la Acampada Revolución 132, parecía un avispero listo para la última batalla, centenares de granaderos los rodeaban a una distancia prudente, el contingente golpeó un par de patrullas que pasaban por el lugar y se mantenían en alerta, con miradas desafiantes hacia los uniformados.
El grupo se comenzó a dispersar rumbo a Insurgentes, nosotros caminamos por Reforma, documentando daños a “los símbolos del capitalismo voraz y el imperialismo rampante”, locales deshechos, ni un cajero funcional, hoteles y restaurantes con daños en sus puertas y ventanas de los tres primeros pisos, graffitis evocando a Marx, al Ché Guevara, a la lucha anarquista, a la movilización violenta.

El Estado de Excepción en el centro de la ciudad parecía ceder, los autos comenzaron a circular por la avenida, la gente fotografiaba con sus celulares los daños a los negocios, la Avenida Juárez parecía un campo de guerra, macetas, bancas, vallas, piedras, palos, botellas y hasta maniquíes mostraban un panorama desolador, las banquetas rotas, las paredes graffiteadas, las familias cuidando que sus hijos no pisaran los vidrios esparcidos por la rotura de cristales.

Un Strabucks, justo enfrente del Hemiciclo a Juárez de Marcelo Ebrard (según su Twitter), tres jóvenes con cara de asustados, dos personas de servicios de seguridad privada, vidrios por todos lados, un té chai venti frío rubricado con el nombre de Lorena abandonado en una mesa llena de fragmentos de vidrios, un maniquí de la tienda Nike que está a un costado en la misma plaza adentro de la cafetería. No hubo declaraciones de los empleados, no quisieron y no los dejaron, lo que ellos querían era irse a casa.

En Bellas Artes las vallas yacían esparcidas en el suelo, testimonio del duro enfrentamiento que se suscitó hora y media antes, pintura y manchas de quemaduras en el asfalto. Mientras que en Eje Central, en la esquina de Juárez o de Madero (depende de dónde se vea), un grupo de 50 o 100 manifestantes se sentaban en la avenida al grito de –¡no violencia!– después de haber sido rodeados por un número tres veces superior de granaderos.

Madero, la calle que se convirtió en peatonal durante este sexenio parecía ajena a las revueltas en sus alrededores, los negocios abiertos, mimos y actores callejeros haciendo sus actos, familias caminando, vendedores ambulantes, un sábado cualquiera, un anticlímax.
Zócalo: la normalidad aparente se terminaba al cruzar la plaza en su totalidad; manifestantes al pie de Palacio Nacional gritaban consignas mientras eran contenidos por cientos de granaderos de la Policía Federal y de la policía capitalina.
Conatos de bronca: un joven le grita a un policía, el policía se ríe y el activista se encabrona, le mienta la madre, el policía amaga con golpearlo con su tolete, el manifestante se pierde entre la multitud.
Imágenes varias: todos los policías portaban escudo, tolete, casco, latas de gas lacrimógeno, sonreían ante los reclamos de los manifestantes, parecían disfrutar el enojo que causaban entre la gente. Gritos, solicitudes de hablar con el mando superior, la queja, “agarraron a un chavito y lo metieron a Palacio Nacional” se escucha de alguien que no logro identificar. Forcejeos, se calma el ambiente. Ya es tarde, el cuerpo ya no responde, demasiadas emociones, hay que descansar, mañana el ruinoso centro de la ciudad amanecerá arreglado o en proceso de, el Hemiciclo a Juárez amanece como nuevo, Ebrard rápidamente mandó a arreglar “su” monumento.


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lunes, 12 de noviembre de 2012

La democracia de los niños


Foto: Especial

Voto libre y directo, cabildeo, exposición de argumentos en los disensos y logro de consensos; toda una demostración de democracia auténtica fue lo que aprendí de ver a un grupo de niños jugando el pasado domingo.

Podría asegurar que estos niños entre seis y diez años no tenían idea que lo que estaban haciendo para decidir a qué jugar era la demostración más bella y perfecta de la democracia.

–¿Quién vota por las escondidas?– preguntó la niña que se veía más grande y que asumió la responsabilidad de “mesa”, –¡Yo!– –¡Yo también!– –No… ayer jugamos a las escondidas– respondió uno de ellos.
–Bueno… ¿y si jugamos stop?–  cuestionó la pequeña “mesa”, el voto se dividió: las niñas votaron a favor, los niños rechazaron la propuesta porque “es un juego de niñas”.
–¡Ya sé, vamos a jugar avión!– replicó uno de los niños, –¡Sí!– fue la respuesta en grupo, se había logrado una votación unánime.
La más pequeña del grupo, de unos seis años comentó con cierto temor –Yo no tengo gises, ¿quién tiene?–, silencio, surgía un problema grave: no había gises para pintar el avión.

Empezó el cabildeo, las niñas intentaban convencer a uno de los niños para que “votara” a favor del stop, los niños conformaron un bloque para “defender” a las escondidas; parecía que se había llegado a un punto muerto en la discusión hasta que la “líder” se subió a unas escaleras de uno de los juegos y dijo –Ok, jugamos a las escondidas pero no se vale esconderse en las casas, ni en la otra zona de juegos (a unos 50 metros)–, el bloque masculino se miró y se apartó unos metros del “pleno” para deliberar la propuesta; al cabo de cinco minutos regresaron aceptando el ofrecimiento con la condición que los equipos serían dos: uno de hombres y el otro de mujeres, las niñas reviraron y pidieron que los niños tendrían que contar “hasta 100, porque son más rápidos”, los jovencitos aceptaron y empezó el juego, y siguieron jugando hasta ya entrada la noche.
Foto: Especial

Esta situación la hemos vivido muchos –por no decir todos– en algún momento de nuestras vidas, sin saber que lo que practicábamos era democracia creíamos que era la mejor manera de jugar todos felices; ¿qué nos pasó?, ¿en qué momento descubrimos el significado de “democracia” para hacer todo mal?

El ver a estos infantes me recordó las primeras Asambleas Generales Interuniversitarias del #YoSoy132, cuando la mayoría llegábamos sin saber exactamente cómo funciona la política y la democracia; nos estrellamos contra la pared cuando los grupos políticos de antaño comenzaron a clavar sus colmillos para hacernos “crecer” de un trancazo en materia de cabildeos, exposición de argumentos, búsqueda de consensos, mociones y demás términos a los que nos hemos familiarizado en estos últimos meses.
¿Por qué no regresar a la democracia de los niños? Busquemos la forma en la que todos podamos jugar y ser felices.

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La democracia de los niños by Ari Santillán is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.